miércoles, 15 de noviembre de 2017

La mentira como único instrumento.


Hoy por hoy, una vez devaluada la honorabilidad al nivel del “bono basura”, la persecución del éxito se mide por la capacidad de captar voluntades en beneficio propio, y el instrumento más eficaz para la manipulación emocional sigue siendo la mentira. Desgraciadamente en Catalunya la mentira hoy es un “valor” en alza. El engañado cuando descubre el engaño hace acopio de resistencia para no admitirlo. Admitirlo implica para él un deshonor atendiendo a un concepto de honor que voluntariamente ha degradado.

       El procés catalán hacia la independencia fue una madeja de mentiras, desde la primera hebra hasta la última. Todo era mentira. Lo gracioso, por no llorar, es que los artífices principales de los embustes ahora comienzan a insinuar que quizás sus postulados no fueron certeros, pero procurarán y hasta puede ser que lo consigan, seguir mintiendo mediante la técnica del victimismo, que es una suerte de adicción enfermiza a la tesis de la dependencia. Ya dicen y seguirán diciendo que ellos no dijeron la verdad porque a ellos le engañaron, ¿y quién les engaño?, fácil: el Estado Español. ¿Cómo les engañó?, fácil: ellos se creyeron que España se iba a dejar y se han enterado hace un rato que la Constitución desde 1978 tenía un artículo 155 y el Gobierno tuvo la desfachatez de aplicarlo. Creyeron que como se creían más democráticos y mejor legitimados que el resto de españoles España negociaría con ellos y les daría a ellos lo que ellos necesitaran para cumplir el antojo de ellos. Y ¿qué querían negociar?, fácil: que les implementaran la independencia de Cataluña. Ellos ponían las ganas y el Estado español les debía proporcionar todo lo necesario para que los separatistas controlaran el territorio que querían separar de España, le financiara la formación de un ejército catalán para “defenderse” de España; les facilitara el reconocimiento internacional de la República Catalana; les siguiera asegurando que los catalanas separados tendrían los mismo ingresos, menos gastos y Catalunya el mismo Producto Interior Bruto (PIB), y por supuesto, que la República Catalana recibiera la misma financiación.

 Y fueron tan, tan engañados los pobres que ahora el Sr. Mas, el Sr. Campuzano, el Sr. Tardá, y la asociación Omnium comienzan al “autocrítica”. Más bien le hacen la “autocrítica” a los demás, pero como le llaman “auto”, ya vale.  Don Artur Mas, primer espada de la innombrable Convergencia que una vez acreditada su corrupción se cambió de nombre por el de PDECcat, y que ahora el pobre va pidiendo que los engañados le hagan colectas para pagar sus embargos consecuencia de sus desvaríos, dice que “el objetivo de la independencia sigue siendo vigente” pero cuestiona que "hubiera un buen control de los tiempos" y que "la mayoría social fuera suficiente" para llevar a cabo el plan secesionista. ¡Pobre, lo equivocaron! Cuando decía que los banqueros se pelearían por estar en Cataluña y que la nueva república sería recibida con los brazos abiertos en la Unión Europea, y que los catalanes iban a atar los perros con chorizos una vez él los independizara, pero al parecer él estaba engañado. Calculó mal.  El “conseller” de Sanidad cesado, Antoni Comín - ¿Ministro de la República catalana?-, admite que “hasta ahora el independentismo ha preferido escuchar la parte del relato más épica, más emocionante y más bonita – lo que él mismo les decía- , en contraposición a las voces -que él negaba-  que alertaban sobre la represión del Estado o que los gobiernos europeos no nos reconocerían a la mañana siguiente de una DUI", y que “el Ejecutivo de Puigdemont no estaba preparado para desplegar la república catalana en un contexto de "represión". ¡Otro que lo equivocaron!

        El diputado de Esquerra Republicana en el Congreso español, Joan Tardà, ahora dice que  “Catalunya no es independiente porque no ha existido una mayoría de catalanes que así lo hubieran querido", “se proclamó la independencia y la república, pero no se implementó porque no estábamos predispuestos a poner en riesgo la seguridad de los ciudadanos y es inevitable que pesara sobre los dirigentes y el Govern el trauma del 1-O”, elogiando, claro está, la actitud de Carles Puigdemont al no implementar lo aprobado por el Parlament y de ello se siente  “muy orgulloso”. ¡Hostia!, y aquello del mandato ciudadano del 1 de octubre con más del 90% de apoyo!; y, eso de que el Sr. Puigemont está “resistiendo” como presidente de la república en Bélgica, ¿qué?; bueno ahora Puigdemont ya dice que hay otras alternativas a la independencia. La “consellera” cesada Clara Ponsatí (aspirante a ministra de la República), el portavoz de la dirección de ERC Sergi Sabrià, la dirigente del PDECat Marta Pascal y el portavoz Carles Campuzano, reculan y valoran “opciones alternativas a la independencia”, aunque "no va a haber renuncia al horizonte de la independencia, vamos a necesitar más tiempo para reforzar las mayorías sociales y las fuerzas soberanistas deberán acompasar sus ritmos”. Marcel Mauri de Ómnium dice que “se deben reforzar algunos objetivos que no eran sólidos, y que pensaban que estaba ante un Estado que se sentaría a negociar". CLARÍSIMO. Y las bufonadas de Rufián siguen ahí, y la Sra. Colau tratando de averiguar si Cataluña es Cataluña o Catalunya, si es república o no, si el escondido en la monarquía belga es presidente de la república catalana o prófugo, y si ella es de izquierda, de derecha u otra cosa. Pablo Iglesia busca novia…  ¿Y la dignidad?

Barcelona a 15 de noviembre del 2017, RRCh

lunes, 13 de noviembre de 2017

Honorabilidad devaluada


Posiblemente lo que nos pasa, y si seguimos, más nos pasará, es consecuencia de la forma en que hemos mutado nuestros valores morales, cambiado el sentido original de los términos con los que describimos los hechos y nuestros actos. La honorabilidad, que debería ser la exteriorización de un valor personal propio, y su consecuencia, el reconocimiento social de virtudes como la honestidad, la decencia, la dignidad, y el cumplimiento de los deberes respecto al prójimo y a uno mismo. Todo esto se ha convertido en lo contrario: en la interiorización por parte del sujeto de los “honores” y aplausos externos que le llegan por una diversidad de circunstancias ajenas, que le hacen aparentar honorable frente a los demás. Así el sujeto se va ocupando de contentar los deseos de los otros para mantener de ellos la admiración. Un seudo respeto tan efímero e impersonal que, en horas se puede tornar en lo contario. Para alimentar esa precaria fama, el sujeto interioriza que la incoherencia, es la única fuente de sustento. De esta forma se acepta como una necesaria y normal adecuación al medio, caer en el absurdo, la sinrazón, la ridiculez, la necedad, la insensatez, la extravagancia, la estupidez, el despropósito, el yerro y el desatino. Todo esto es lo normal, lo que se lleva, lo que hace todo el mundo, y ¿por qué vamos a ser diferentes? Curiosamente la diferenciación aparentemente es un valor, lo que parecería una contradicción con lo ya expuesto, pero no; la diferenciación solo es apreciable y querida, cuando se proclama desde dentro de un grupo frente a otro, aunque en un grupo y en el otro use los mismos desvalores. No es atractivo hacer camino al andar, sino seguir caminos hechos y consumir el tránsito sin reparar en al paisaje, a lo sumo hacerle una foto.

 Barcelona a 13 de noviembre del 2017. RRCh.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Separatismo prófugo.


Se ha debatido mucho sobre si el separatismo catalán fue el resultado de que en el pueblo afloró un sentimiento independentista que venía germinando desde antaño y que los políticos independentistas solo lo aprovecharon; o, que esa emocionalidad fue plantada y cultivada expresamente por los políticos. Al parecer, fue esto último. Tampoco hoy por hoy está claro qué es “pueblo”.  A mediados del siglo pasado, cuando eran obreros el grueso de la población del mundo industrializado, tenía sentido la utilización del concepto en relación a esa amplia mayoría explotada, proletaria y marginada del acceso a la cultura, en contraposición a la élite que manejaba el destino de aquellos. Ahora, decir “pueblo”, no tiene demasiado sentido, especialmente porque no se sabe a qué se hace referencia.

 Cuando los independentistas formaron la coalición “juntos por el sí” y en las últimas elecciones al parlamento de Cataluña -Comunidad autónoma de España-, le atribuyeron a esos comicios la consideración de plebiscito para la independencia, perdieron en números de votos, con lo que en el supuesto que eso del “pueblo” exista, más de la mitad dijo que no. Ahora bien, tendrían toda la razón los separatistas si conceptúan como “pueblo” a los que están a favor de la independencia, en tal caso ya le estaríamos atribuyendo una connotación distinta al término, más próximo al segregacionismo que abona la xenofobia con tendencias al racismo. De ahí, que parece más verosímil que la autoría corresponda a los políticos que ocuparon la Generalitat y desde tales posiciones comenzaron a alimentar mediante subvenciones públicas a grupos separatistas, a los que de forma consensuada usaron de instrumento para la manipulación propagandística del pobrerío.

 Así como lo de pueblo no está claro, la existencia del “pobrerío” es una evidencia, que no se caracteriza solamente por su enflaquecida capacidad económica sino también por la carencia de sentido crítico ante las soflamas con las que les saturan. La ingenuidad de la buena gente de Cataluña que abrazó el independentismo se asemeja mucho, quizás demasiado, a lo que sucede con el populismo en gran parte de Sudamérica, donde los copetudos de barriga fría enredan a la gente con mentiras bien armadas para seguir dominándoles en corto. Los eslóganes patrioteros para hacer menos pobres a los pobres siempre les han dado buenos réditos a la clase dominante, luego como no sale, lo que ellos sabían y querían que no saliera, le echan las culpas a otros, y contentan a la gente diciendo que, si no estuvieran ellos hubiera sido peor. El enemigo externo es la mejor ración para engordar los beneficios de los ya bien beneficiados, y, como ellos siempre son imprescindibles y esencias de la patria, se esconden hasta que pase el peligro que ellos mismos generaron, y de lejos cacarean como gallinas cluecas.

Puigdemont abandonó la república catalana y se afincó en la monarquía belga, y desde allí, al resguardo y con agresividad de comadreja, dice pestes de España con mentiras tan burdas y desfachatadas que pronto conseguirá que le descubran, si antes no le olvidan. Aunque naturalmente conservará a los fanáticos, siempre y cuando no se los quite el curita Junqueras que saldrá antes de la cárcel con porte bonachón recitando mandamientos, y con la esperanza que los parroquianos digan amén.

 

Barcelona a 8 de noviembre 2017.- RRCh

viernes, 3 de noviembre de 2017

POLÍTICOS PRESOS O PRESOS POLÍTICOS


Presos políticos son aquellas personas que siendo o no políticos en ejercicio, se les priva de libertad por las ideas que defienden y no por los hechos cometidos para la realización de las ideas. Políticos presos son aquellas personas que estando en el ejercicio de la actividad política para la cual fueron elegidos, acometen hechos para la realización de sus ideas que quebrantan uno o varios preceptos del Código Penal, y ante ello se les priva de libertad. En una confrontación política como la que sufre Cataluña, lo primero a lo que se renuncia por una parte y por la otra es a la objetividad, y la primera víctima de ello es la verdad. Los exconsejeros del Gobierno de la Generalitat de Cataluña son políticos presos; no son presos políticos. Otra cosa muy distinta es valorar si esos políticos presos están justamente presos. El sistema judicial español y el de cualquier parte del mundo no está pensado para la realización de la Justicia, sino para la aplicación de la ley, y esa ley puede ser más o menos justa. El concepto Justicia con mayúscula es un concepto más moral que jurídico, cada persona tiene su idea de justicia, y es evidente que si existieran otras leyes la Justicia sería otra, y una de las bondades que nos da la democracia es la posibilidad de reformar las leyes con las mayorías necesarias que para ello. Cada vez que se modifica una ley, se está modificando la idea de Justicia.

 Volviendo a los exconsejeros del gobierno autónomo catalán, se ha de decir que, si bien es muy discutible que puedan ser juzgados por el delito de rebelión, es poco discutible que sí pueden ser juzgados por el delito de sedición y el de malversación de caudales públicos. El Art. 455 del Código Penal español (que no se ha redactado ayer ni para la ocasión) dice: “Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales” . Art. 545. 1. Los que hubieren inducido, sostenido o dirigido la sedición o aparecieren en ella como sus principales autores, serán castigados con la pena de prisión de ocho a diez años y con la de diez a quince años, si fueran personas constituidas en autoridad. En ambos casos se impondrá, además, la inhabilitación absoluta por el mismo tiempo”. Parece evidente que esos políticos hoy presos estaban constituidos en autoridad, y desde tal posición indujeron, sostuvieron o dirigieron las protestas de un tumulto de personas (cortes de tráfico, daños a vehículos policiales, huelgas al margen de cualquier reivindicación laboral, etc), y todo ello para conseguir fuera de las vías legales la inaplicación de la constitución vigente y las sentencias del Tribunal Constitucional. Y para financiar todo ese movimiento que persigue la inaplicación de las leyes, se emplearon fondos públicos por parte de las autoridades hoy en prisión; hecho este castigado aparte, con penas de hasta ocho años de prisión, por los Arts. 432 a 435 del Código Penal. Ahora bien, el hechos que los políticos presos acumulen todos los números para ser condenados en su día al menos por sedición y malversación de caudales públicos, no implica que deban estar necesariamente en prisión provisional antes de ser condenados, aunque en estos casos su aplicación sea absolutamente legal, tan legal como que se pueda y posiblemente se deba, revocar tal situación privativa de libertad por el órgano jurisdiccional superior que conozca de los recursos que interpongan las defensas de los presos. En cuanto a la separación de los poderes: judicial, legislativo y ejecutivos, es evidente que en España existe. Como también existe la independencia judicial. Es verdad que al Fiscal General del Estado lo elige el gobierno, pero no es verdad que el Gobierno una vez elegido al dicho Fiscal le dicte lo que tiene que hacer. Y eso quien haya querido verlo ha visto en días anteriores, como la Fiscal Sra. Sabadell emitió informe sin pelos en la lengua solicitando la condena de políticos del PP y al PP mismo por la corrupción que se está enjuiciando sobre el PP y su círculo político, a los que se les piden decenas de años de prisión. La prisión provisional de los exconsejeros del gobierno de Cataluña no se pudo acordar sin que lo pidiera el Fiscal, pero pudo no acordarse aunque los haya pedido el Fiscal, puesto que la acordó una jueza. Por otro lado, resulta obvio que lo que acordó está juez lejos de ir en beneficio de la política del PP va en contra, puesto que solo beneficia a los independentistas en su afán de acumular agravios para acrecentar el victimismo. Resulta sorprendente que el separatismo haya abandonado la defensa de los motivos que tenían para independizarse antes del 6 de septiembre y ahora los hayan sustituido por las perniciosas consecuencias – a veces mal gestionadas por el Gobierno central-, que aquellos motivos han generado.

Barcelona a 3 de Noviembre del 2017. RRCh.

viernes, 27 de octubre de 2017

DESTINO: MELANCOLÍA


Si algo claro se puede extraer de la actitud intermitente (ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no…) del Sr. Puigdemont, es, por un lado, saber que el pobre hombre es rehén de las fuerzas contrapuestas que le designaron como presidente de la Comunidad Autónoma de Cataluña. Haga lo que haga, al menos para un grupo de los que le sostienen siempre será un traidor y ya se lo han gritado. Por otro lado, quien ha querido verlo ha podido conocer que el fondo en el que se debía sostener la viabilidad económica de la independencia siempre fue falso. Falso que la Unión Europea recibiría a una Cataluña independiente; falso, que los países europeos reconocerían a una Cataluña independiente. Falso, que las entidades bancarias se pelearían por estar en Cataluña: se han ido con el mero anuncio de declarar la independencia. La falsedad del fondo se sostuvo apostando por la mitad de la mitad de la verdad, es decir, pudiendo ser medio cierto que el gasto de Cataluña por estar en España era excesivo, era radicalmente falso que los ingresos de Cataluña fueran los mismo siendo independiente que siendo parte de España, tan falso como que se han ido más de un millar y medio de empresas a territorio español más garantista de sus derechos y con sus finalidades económicas. Si ahora se hicieran las mismas cuentas que se hicieron para iniciar el proceso independentista, los números de las sumas y las restas serían otros muy distintos, tan distintos que, con los de ahora podría resultar que quién pagara más de lo que recibe de Cataluña fuera España. Y en el improbable supuesto que los catalanes independentistas estuvieran todos dispuestos a ser mucho más pobres a cambio de ser independiente, también, quien haya querido ha podido ver, que las fuerzas políticas que se han unido para instar la independencia, una vez ésta fuera conseguida se sacarían los ojos entre sí, dado que es imposible que la burguesía independentistas haga migas con una izquierda radical nacionalista que en coherencia consigo mismo pretende separa a esa Catalunya de la Unión Europea  y consecuentemente quitarle el poder económico a la burguesía. De ahí, que la parada próxima será la melancolía con 155 o con otra cosa.

Barcelona a 27 de Octubre del 2017. RRCH

lunes, 23 de octubre de 2017

EL 155, Y QUÉ MÁS?


La aplicación del Art. 155 de la Constitución, en el supuesto que se aplique de forma razonable, y en el supuesto también, que aplicado de forma razonable sea eficiente; lo será para detener los efectos presentes de la dinámica separatista, pero no parece que sirva para resolver la conflictividad que dio origen a la dinámica separatista actual.

El remedio constitucional puesto en marcha, en el mejor de los supuestos, servirá para neutralizar los síntomas. Si acaso, para retrotraer los efectos legales a antes del 6 de septiembre en que se comenzaron a promulgar en Catalunya leyes inconstitucionales, pero no parece que se solvente el enconamiento mediante unas elecciones y nada más. En tales elecciones pueden pasar dos cosas, una que exista una mayoría nacionalista separatistas, y la otra que surja una mayoría no nacionalista y no separatista, en ninguno de los dos supuestos ganará una de las opciones por más del 65%, será algo así como ha sido: 48/52 o 52/48.  Si ganan los nacionalistas-separatistas estaremos en el mismo lugar que estamos ahora, y si ganan los contrarios estaremos más o menos como estábamos cuando todo esto empezó. Reculamos un par de años o reculamos diez, pero no estamos resolviendo el origen del problema.

En todo este embrollo el único partido que ha puesto una pizca de ilusión hacia una solución ha sido el PSOE, con la propuesta de reforma de la Constitución; ahora bien, es tan poco lo que ha puesto que ni se nota. Es evidente que la cuestión territorial de España se ha de resolver con una modificación de la Constitución, pero alguien alguna vez, tendrá que decir qué reforma propone; qué preceptos quiere reformar; cuál es el nuevo redactado que sugiere, si la reforma se encamina solo para solventar los problemas en Catalunya o está pensado para evitar nuevos problemas con otros territorios al margen del catalán. La reforma puede ser para centralizar más a España o para descentralizarla. La reforma de la constitución puede ser un remedio o exactamente todo lo contrario. Las ambigüedades en tiempos de choque suelen no servir para nada, porque nadie se las cree o cada cual cree lo que mejor vaya a sus criterios propagandísticos. Ha habido tiempo de sobra para poner encima de la mesa un anteproyecto de reforma constitucional, nadie lo ha hecho. Está bien que se diga, vamos a hablar de la reforma de la Constitución, pero el primero que tome la palabra en tal caso, tendrá que decir qué propone él; el texto no surgirá de juntar frases en el juego de la guija previo contacto con los espíritus.

Barcelona a 23 de Octubre del 2017.- RRCH

jueves, 19 de octubre de 2017

¿CÓMO ESTAREMOS CUANDO PARE?


 

Es rigurosamente cierto que siempre que llovió paró. La incerteza está en cuánto durarán los aguaceros y cómo quedará el terreno después y la gente que lo vive. Cataluña/Catalunya. El Sr. Puigdemont ya no sabe cómo presentarse, si es el presidente de la Generalitat, Comunidad Autónoma de España, o si es el presidente de la República Catalana en suspensión. Como presidente de la Generalitat, y por tanto representante en Cataluña del Estado español ha dicho que no declaró la independencia porque eso lo ha de hacer el Parlamento Catalán y que por tanto no se aplique el Art. 155 de la Constitución, y como presidente de la República Catalana en suspensión, dice que asume el resultado del referéndum -ilegal y anulado por el Tribunal Constitucional de España-, y que en aplicación de las leyes catalanas -nulas-, pueden declarar la independencia cuando les parezca y les apetecerá si se aplica el Art. 155 de la Constitución. El pobre hombre trata de hacer compatible una cosa y su contraria, pretendiendo que los separatista que ha creado se contenten con la ambigüedad y de paso al Gobierno de España le salgan contrincantes como el doctor Iglesias que ve muy malo que se apliquen los mecanismos constitucionales, muy malo que se intente reformar la constitución, pero no ve tan malo que el pobre Puigdemont reivindique una legalidad en suspenso  a la que le da preminencia sobre  la legalidad de todos los españoles que no está suspendida. Para el dotorcito, como el PP es corrupto y está en el gobierno, el Estado no tiene legitimación para parar a Puigdemont, aunque nada dice de la corrupción pareja que infectó y mantiene infectado al partido de Puigdemont. De paso, el dotorcito trata de erosionar al PSOE, ya Pedro Sánchez para él es un cómplice de los corruptos peperos. Él, como Puigdemont defienden el diálogo, pero ninguno de los dos dice de qué se ha de dialogar, aunque al parecer sí que tienen claro de qué no. No se ha de dialogar sobre la modificación de la Constitución ni tampoco de la aplicación de la que tenemos, al parecer para ellos solo basta con ignorarla. Sí, se les ha de reconocer a los separatistas y al dotorcito -que se autodenomina de izquierdas junto con la Sra. Colalu que no se autodenomina y el Sr. Junqueras que juega al escondite-, que hayan conseguido diseñar -en directo favor a la derecha más corrupta o al menos igual de corrupta que la de allá-, una suerte de sucedáneo izquierdista que reniega del internacionalismo, la solidaridad entre las personas, y la división de poderes. Para ellos los Jordis fueron encarcelados por el Gobierno, a la juez que dictó el auto de prisión no la cuestionan por considerarla un mero instrumento del gobierno, y los Jordis son presos políticos. Eso de congregar un montón de gente gritando y rompiendo coches de la Guardia Civil para impedir que se hiciera una entrada y registro con mandato judicial, o impedir que la comisión judicial saliera de allí con lo recogido en la entrada y registro, no es un hecho penalmente relevante ni reprobable. Los separatistas han sustituido las iniciales razones para independizarse por las que les van dando los nuevos acontecimientos con las chapuzas de los otros.  La cosa empezó por aquello de que “España nos roba”, argumento que salía de hacer cuentas sobre la generación de riqueza por parte de las personas físicas y jurídicas domiciliadas en Catalunya, en contraposición a lo que ellos consideraban que debían recibir en conjunto desde un criterio territorial. Solo con el anuncio de la independencia ya se han ido más de ochocientas empresas y bancos a domiciliarse fuera de Cataluña, y de las grandes. De esas que el Sr. Más decía que se iban a pelear para estar aquí. Entonces han tenido que hacer borrón y cuenta nueva, no vaya a ser que haciendo las cuentas de antes salga un saldo negativo, que sin duda saldría, con el consecuente empobrecimiento de los catalanes afanados en ser más ricos; y para que siga lloviendo hay que construir un nuevo relato sobre las chapuzas del PP y de la Fiscalía. Dado que es verdad que si la Fiscalía no hubiera instado la prisión los Jordis estaría dando gritos en la calle aplaudidos por los suyos, puesto que la juez no hubiera podido acordarlo; aunque pidiéndolo el fiscal, la juez pudo no acordarlo. Todas las razones que el independentismo esgrimía antes del 1 de octubre pasado han quedado en aguas de borrajas, las nuevas razones se hallan desde el 1 de octubre para aquí. Falta que los independentistas se pregunten en cuanto tengan un rato para hacerlo: ¿Qué queda como fundamentación del procés desde su inicio hasta el sábado 30 de septiembre del 2017? ¿eh?

Y la cuestión de la desafección a España que supuestamente ya no se recuperará por mucho tiempo entre los catalanes, ¿a qué se refiere?, ¿a más o menos la mitad de los catalanes que han abrazado la independencia o a la mitad de catalanes que no la quieren? ¿No es posible que esta mitad refuerce la afección y aquella se lo piense? En ocasiones se comienza a apreciar lo que se tiene momento antes de que se concrete el riesgo de perderlo.

Barcelona a 19 de octubre del 2017. RRCH