jueves, 7 de enero de 2021

POPULISMO

 Al parecer el populismo no es un compendio de ideas políticas dirigidas a la transformación social con la coherencia, razonabilidad y posibilismo que se le debería suponer, consecuentemente no es de izquierda o de derechas. No obstante, atendiendo al éxito que van recogiendo habría que admitir que tanto los que se confiesan de izquierdas como los que lo hacen como de derechas, no son ni una cosa ni la otra, puesto que ambas facciones se han apuntado al fanatismo que se revela como la acepción más ajustada del populismo.

          El fanatismo no tiene el menor interés en convencer a nadie mediante la exposición de sus razones sustentas en hechos objetivos y contrastables, sino que renunciando al más elemental sentido crítico pretende imponer por los medios que sean sus decisiones como las únicas válidas e imprescindibles, al tiempo que prodigan con los más groseros insultos a sus oponentes, que a su vez ellos les responden con idéntico arsenal.

          La libertad de expresión, concepto que es (o debería ser) la esencia de los sistemas  democráticos, lo hemos prostituido de tal manera que sirve igual para un roto que para un descocido, de forma que un supuesto “artista” puede recitar versos y soflamas incitando públicamente  a matar  a un político o a policías y no merece castigo porque ejerce su libertad de expresión, y los que niegan que esto sea así, siendo militares retirados, alegan el mismo derecho para ellos cuando afirman que se han de fusilar a millones de personas de su amada patria, y los que están en contra de tales fusilamientos piden la actuación de la justicia, pero si por otros hechos presuntamente delictivos la misma justicia actúa contra ellos es porque está corrompida. Rodear una Consejería o un Parlamento para intentar impedir lo que se está decidiendo dentro, intentando entrar y si se frustra impedir que salgan los que hubieran en el interior, es un acto de libertad de expresión y  de ejercicio democrático de derechos,  pero no lo será si los que intentan impedir una decisión con igual método son los de la facción contraria, en este caso no será otra cosa que un acto de extremismo antidemocrático, según sean unos u otros, los actores serán fascistas o comunistas. Las dos facciones aman al pueblo y a la patria, pero si el pueblo de la patria en elecciones no les da la razón, no admiten perder y buscan dentro de ese pueblo patrio a los responsables de su “falsa” derrota, que naturalmente nunca serán ellos mismos.

          Cuando se ataca al sistema, término que hace años se usa en tono peyorativo para definir al enemigo, realmente se apunta al sistema democrático, que sin ninguna duda tiene sus debilidades, incompetencias y corrupciones, pero quienes le atacan en ningún momento exponen qué sistema proponen como mejor sustituto, o qué medidas consideran idóneas para corregir el sistema que tenemos, sencillamente parecen abocarse a su destrucción sin ofertar otra alternativa.  Frases como nos robaron las elecciones, España nos roba, no entregaré la Casa Blanca, el cielo se toma por asalto, acabemos con la casta, hagamos un muro que pagarán los mexicanos, no pasarán, acabaremos con el régimen del 78 o con este gobierno ilegítimo social-comunista; todas son frases cortas fáciles de asumir emocionalmente sin necesidad de pensarlas, efectivas precisamente si no se piensan, y que en todo caso van dirigidas al enemigo, ignorando adrede que se refieren a sus conciudadanos. Buenos o no, pero conciudadanos, que en la cúspide del “sistema” tienen como regla de convivencia una Constitución. No se trata de comparar la capacidad destructiva que tenga el Sr. Trump con la de otros predicadores más menudos, pero si son comparables los mensajes y las finalidades de derribo que denotan; la descarada ausencia de cualquier idea constructiva. Pero lo más curioso es que cuando las cosas se ponen tremendas los unos y los otros siempre van a buscar en la Constitución un asidero del cual colgarse y en ese momento se olvidan del régimen que combaten, posiblemente porque no han sido capaces de construir una alternativa que merezca ser defendida proclamando sus virtudes.

          Las redes sociales si fueran bien utilizadas serían un instrumento maravilloso, pero tienen el anonimato como defecto sustancial, y se podría reducir convirtiéndolo de pago a bajo coste, por ejemplo, un céntimo por mensaje o reenvío en tuiter, wasap y demás redes. Si se tuviera que pagar se dirían menos tonterías reduciendo el número de idiotas, y además pagando se acaba el anonimato porque se podría saber el titular de la cuenta bancaria por la que se verificara el pago, e incluso sería estupendo que tales pagos revirtieran en los medios periodísticos en proporción a su número de seguidores.

Barcelona a 7 de enero del 2021. RRCh.

jueves, 24 de diciembre de 2020

NAVIDAD

 

Desde gurí y hasta que fui muchachón tuve fe en que Cristo era hijo de Dios, y que éste con su magnanimidad, sentido de la justicia y teniendo el oficio de perdonar, nos protegía de todos los males.

           Es posible que la fe mía no fuera tan sólida como me parecía entonces, y que realmente el entorno de la Iglesia de Isla Mala me proporcionó un ámbito de libertad de pensamiento y reflexión, que la dictadura miliquera de allá, en Uruguay, nos negaba a todos, incluyendo a los que nunca se dieron cuenta o sencillamente la libertad les daba miedo.

           Y acabé sintiéndome agnóstico, que es algo así como la incapacidad de concebir la idea sobre la existencia de un ser o ente superior que todo lo puede, aunque no es menos cierto que tengo fe aún, que algún día me convenza de que he estado equivocado y que Dios es un hecho cierto.  El no tener una creencia sólida en que existe un Más Allá gestionado por un Ser Supremo que compense eternamente las maldades del mundo, en cierta medida sustenta un sentimiento de orfandad latente, especialmente porque impide tener a alguien a quién hacerle reproches y pedirle explicaciones por haber permitido y seguir permitiendo tantas injusticias y sufrimientos a buenas personas.

          Pero lo de Cristo es distinto, independientemente de quien lo haya engendrado, puesto que al parecer hoy en el mundo hay más de seiscientos cincuenta millones de personas que le siguen, en algunas enseñanzas (no en todas), y es extraordinario que ello se haya mantenido por más de dos mil años.  No está claro si nació en la noche del veinticuatro de diciembre del año cero o del uno, ni si existía ese año que seguramente tenia otro número y el mes se llamaba de otra manera, pero es lo que menos importa; lo que sí es significativo es que sus padres- biológicos o el varón solo de adopción-, eran pobres, y la criatura desde gurí y hasta que los que ostentaban el poder lo clavaron en unos palos cruzados para que se secara al sol y fuera escarmiento de sus seguidores, solo tuvo la palabra. Y, joder, que algunas de sus ideas hayan perdurado dos mil años es algo excepcional. Cosa distinta es la valoración que merecen los gestores de sus palabras o de la hipocresía en que se vanaglorian alguno de sus fieles más emperifollados. Es más que probable que Cristo cimentó el cristianismo entre el pobrerío, que siempre ha sido mayoritario en números que los poderosos, y de ahí arrancó su éxito. Y además él se mantuvo pobre – estado que el pobre común no suele tener como aspiración vital-, e intentó, o consiguió, que su doctrina -inspirada en la no violencia-, enriqueciera la mente de los que no tenía más que privaciones y sufrimientos.

          Especialmente esta Navidad no va a ser de muchas alegrías, hemos perdido a muchos, y a algunos cercanos de mucha valía, pero igual es buena cosa recordar a un gurí chiquito que nació en un pesebre de animales rodeado de bosta y desolación, parido sin ninguna duda por una mujer,  sin partera ni epidural, y desde que se hizo mozo y hasta que le mataron siendo joven, solo tuvo la palabra y con ella se enfrentó a la injusticia de los mandones de barriga fría, y ni matándolo consiguieron parar el tránsito de su mensaje, que salido de su garganta con conceptos sencillos e integradores, dos mil años después ilumina a tantos.

           Y lo deberíamos celebrar, máxime si lo contrastamos con el barullo y el embrutecimiento de la raza de víboras que siguen intentando invadir el templo de todos para convertirlo en cueva de ladrones y rufianes.    

Barcelona a 24 de diciembre del 2020. RRCh

lunes, 16 de noviembre de 2020

El posible declive del Tarugo Amarillo

  

            En mi escrito de 15 de octubre sobre la victoria de los idiotas, acababa diciendo: ya verán que ganará Trump, y parece que me equivoqué y que nos hemos salvado, aunque sea en el anca de un piojo. Si se mira lo ajustado que fueron los resultados de las elecciones en los estados unidos de la América del Norte, podría decirse que moralmente (inmoralmente) el Tarugo Amarillo ganó, porque sumó más votos de los que tenía, aunque es verdad que el número de ciudadanos que acudieran a las urnas fue mayor y también Biden batió el récord en el apoyo ciudadano. Lo más significativo, si se mira el mapa de los estados unidos en relación con el respectivo sentido del voto ciudadano, aparece un cinturón entorno a las costas de los dos océanos -que se corta al sur- que votó por Biden y es dónde existe mayor concentración poblacional, el resto del territorio más amplio en superficie, pero con menos concentración de personas, siguió votando a Trump, lo que implica que se igualó la desigualdad. Todos conocen, incluidos los idiotas, que Trump es un magnate de la casta dirigente ancestral, lo que en el idioma de ellos le llaman establishment. Esa casta trae causa desde la conformación inicial de los EE. UU., que se basó en el racismo y la ansiedad por la consecución de lucro a cualquier precio, instinto dimanante del protestantismo calvinista y luterano, que prima la fe sobre los hechos. Los pioneros de los EE. UU. con la biblia en la mano baboseando a su divinidad, fundamentaron su riqueza en el sacrificio planificado de lo que ellos consideraban razas inferiores, negros, indios e hispanos. Mientas se “liberaban” de los indios de los que conservaron a los más dóciles en “reservas” para turistas blancos, explotaron como bestias a los negros que les trajeron cazados como animales en África, los ingleses, holandeses y franceses que fueron los campeones del esclavismo, luego cuando se hicieron con parte de México los fueron complementando con hispanos. A pesar de los movimiento sociales por los derechos civiles de Martin Luther King , Malcolm X y otros, hasta hoy todos los no blancos constituyen una clase social subsidiaria, de segunda. Los blancos tienen normalizado que esta clase subsidiaria sean porcentualmente ampliamente mayoritaria en las prisiones, los principales candidatos para la pena de muerte y minorías en las universidades, y ante la menor sospecha de peligro -objetiva o imaginaria- le aplastan el cuello o lo agujerean a tiros. Normal. Esa amplia franja interior de norte a sur de los estados unidos votó y siguen votando al Tarugo Amarillo, lo hacen con la biblia en la mano implorando a dios al tiempo que exhiben orgullosamente armas de fuego extasiados de odio, y las elecciones del 2020 han acreditado una igualación en la desigualdad. Y no se trata solo de desigualdad económica, que también, lo esencial es la desigualdad cultural, moral y emocional. Los EE. UU. tiene posiblemente la mayor concentración de ciudadanos formados en prestigiosas universidades privadas y con acceso a la tecnología más puntera del mundo, y a su vez en fratricida igualdad, el mayor número de tarugos embrutecidos por la ignorancia que sustentan el alegre uso de las armas de fuego, la pena de muerte, el racismo y todo lo que propicie la segregación en pro de la supremacía blanca que habla en inglés. El Tarugo Amarillo les conquistó esgrimiendo que él combate a la casta (establishment), algo tal irracional como que un macho alfa de una manada sanguinaria de zorros convenga a un amplio gallinero que él con su manada les salvará, y los gallos y gallinas están dispuestos a dar su vida y la de los demás por el ungido salvador que reina sobre los idiotas en twiter simulando ser un igual.

            Pero cuidado, a estos idiotas no se les ganará segregándoles mediante eso que supuestos progres revenidos llaman cordones sanitarios, no; solo habrá una esperanza si somos capaces de desidiotizarlos, y no parece existir mejor antídoto para su necesaria integración como ciudadanos libre pensantes, que la educación objetiva, gratuita, y obligatoria, que no parece que llegue a todos a través de la enseñanza privada dispensada por la casta solo al alcance de sus cachorros en retroalimentación, lo que en ingles le denominan establishment.

 Barcelona a 16 de noviembre del 2020. RRCh

jueves, 15 de octubre de 2020

La victoria de los idiotas.

 

           El término idiota que hoy se utiliza como insulto con el exclusivo ánimo de ofender, procede del griego de la Atenas del siglo V antes de Cristo, y tenía un significado más instructivo, algo así como la definición de la persona que no se interesaba por la política como gobernanza colectiva, y al estar estos siempre ensimismados en su egoísmo, asumían en su desinterés como bueno. lo que objetivamente le causaba un perjuicio o de manera inexorable se lo causaría.

           Eran aquellas personas que despreciaban cualquier pensamiento que no tuviera una relación íntima consigo mismo, de manera que frente a todo lo externo a su yo lo trataban como sentires y no como pensares. A los atenienses de entonces que en su mayoría entendían la democracia como un compromiso personal con sus conciudadanos, a estos idiotas no les tenían aprecio. Aquellos idiotas no pensaban en la cosa pública, cualquier decisión de interés general que de forma obligada tuvieran que tomar, la adoptaban en base a chismes o simpatías para disimular la ausencia a cualquier implicación.

          Partiendo de esta conceptualización del término, no parece desaforado afirmar que estamos rodeados de idiotas, y lo peor es que este tipo de idiotez se contagia de manera exponencial; nos contagia y en una mediada u otra todos la vamos propagando. Actúa como la niebla que parece que no moja, pero al final del día se acaba empapando y si es fría se mete hasta los huesos.  Además, se ha puesto de moda, si no se es un poco idiota o al menos se aparenta serlo se corre el riesgo de quedar fuera de juego o fuera de la época que nos toca vivir.

          La idiotez confunde, no se sabe si los representantes políticos son idiotas y transmiten la idiotez a sus votantes o los votantes son los idiotas que votan a idiotas por empatía. Nos estamos acostumbrando a poner en valor la idiotez a base de tolerancia y conmiseración, algo así como considerar a los idiotas como fruto de la sociedad, y como fructifican tanto la sociedad será entonces totalmente compuesta por idiotas.

  

Barcelona a 15 de octubre del 2020. RRCh.

jueves, 8 de octubre de 2020

LA IMPUNIDAD PROPIA COMO DERECHO FUNDAMENTAL

 

Los políticos separatistas hoy presos y los que estén siendo investigados por delitos concretos, proclaman que tales actuaciones judiciales no son otra cosa que una persecución política a sus ideas, jamás dan una explicación sobre los hechos en base a los cuales la jurisdicción actúa, sencillamente entienden que tales hechos no merecen mención por ser inexistentes.

Hoy de la misma manera y exactamente con el mismo razonamiento actúa Pablo Manuel Iglesias diciendo: “aun en España no se ha imputado a nadie por sus ideas”. Supongo que ahora saldrán los separatistas negando tal cosa, puesto que ellos, a juico de ellos, no solo fueron investigados, sino que fueron condenados precisamente por sus ideas; claro.

 Iglesias, sin tener en cuenta esto, se ha puesto la venda por las dudas que en un futuro próximo tuviera que tapar algún rasguño. Y ello viene por esa exposición razonada que elevó el juez García Castellón al Tribunal Supremo en relación, a posibles delitos imputable al Sr. Iglesia y otros de los suyos por el caso Dina Boousselham, sobre el cual el Sr. Iglesias no ha dicho ni una sola palabra, excepto que si le imputan será por sus ideas y no por otra cosa. Iglesias confió en la justicia, que ahora pone en dudas, cuando despidió al abogado José Manuel Calvete atribuyéndole como causa, que éste había acosado a su compañera Marta Flor Núñez, hecho denunciado ante la justicia y que no pudieron probar Iglesias y los suyos, y al parecer no previeron que ante tal acusación el Sr. Calvete se podría defender y lo hizo alegando que la verdadera causa de su despido fue taparle la boca por las irregularidades que  en Podemos había detectado dicho abogado, y de ahí tiró el hilo el juez García Castellón. Sobre esto, con razón o sin ella, el juez eleva su escrito al Tribunal Supremo, y lo hace mediante una prolija explicación que el alto Tribunal aceptará como suficiente para investiga a Iglesias, o no lo aceptará. Pero Iglesias se ha ahorrado hacer la más mínima mención a las razones que expone el juez, y ello porque para Iglesia la cosa está clara: van a por él y los suyos; y no por lo que razona el juez sino por lo que presume el Sr. Iglesias.

El Sr. Iglesias en la campaña de las últimas elecciones utilizó hasta la saciedad el caso Dina Boousselham, sobre la presunción que lo que él denominó cloacas del Estado estaba socavando a Podemos por las ideas que su formación intentaba llevar a cabo en pro del bien general si accedía al gobierno de España, es decir a la dirección del Estado desde el poder legislativo y ejecutivo. Hoy el Sr. Iglesias ha subido de escalón pasando de activista político opositor a ser uno de los vicepresidentes del gobierno de España, y en tal posición si tuviera el más mínimo respeto al cargo que ocupa y a la ciudadanía, debería presentarse ante el Parlamento por iniciativa propia y refutar la exposición razonada del juez García Castellón línea a línea, porque para situarse en la posición de víctima ya se le pasó el tiempo; y tampoco vale que nos salga ahora con el “ustedes más”, porque lo de los otros ya lo sabemos. Si entramos en comparaciones no saldremos de las cloacas en las que los unos y los otros consideran la impunidad propia como derecho fundamental, algo así como el otrora: “no sabe Ud. con quién se está metiendo”; o el más actual, “los toros no se tocan”.

Barcelona a 8 de octubre del 2020. RRCh

martes, 29 de septiembre de 2020

Mientras tanto el Rey…

 

Es difícil, si no imposible, que España deje de ser una monarquía y a su vez siga siendo España. La restauración de la monarquía una vez acabada la era de Franco, que no implica necesariamente entender que con ello acabó el franquismo, el Rey Juan Carlos por voluntad propia u obligado por las circunstancias, junto con Adolfo Suárez, contribuyó de forma importante al restablecimiento de la democracia y a la prosperidad que el país ha mantenido hasta la actualidad. La ciudadanía sin ser mayoritariamente republicana ni tampoco monárquica aceptó el juancarlismo como adopción provisional de un estado de las cosas que sin ser la ideal se consideró como la única posible mientras tanto. Y mientras tanto se hizo la vista gorda sobre la conducta privada de Juan Carlos circunscrita a sus relaciones personales tanto en su vida afectiva como en las relaciones con los mandantes de los países árabes. Juan Carlos era un buen embajador que conseguía buenos negocios para nuestras empresas y consecuentemente ello repercutía de manera beneficiosa en la economía nacional, los líos de faldas que se conocían, pero no se publicaban, casi resultaban graciosos dada la empatía campechana que él irradiaba.

Ello ha cambiado sustancialmente desde que se ha conocido que el ex monarca disponía y dispone de depósitos de cuantías dinerarias extravagantes en entidades bancarias extrajeras, y el juancarlismo de mientras tanto se ha diluido súbitamente al tiempo que se traslada la crítica destructiva a la institución de la corona encarnada en Felipe VI, su hijo. Se puede decir que del árbol caído todos sacan astillas, y que la ciudadanía olvida pronto todo lo bueno que hizo Juan Carlos. Pero esto sería una simplificación poco seria y bastante irresponsable. Lo cierto es que Juan Carlos se ha ido de España a un destino que ni siquiera anuncio previamente y sin dar una versión sobre los hechos publicados.

 La monarquía se sustenta en el equilibrio prudente y en la no intervención en disputas partidistas, pero eso no debería implicar que ni siquiera trascienda un mínimo relato de cómo y de qué manera se prevé subsanar los acontecimientos de los cuales Juan Carlos es actor principal, ya sea por parte del propio Juan Carlos o de la institución monárquica. La ciudadanía española por más tolerante que sea no puede asumir que el mismo rey que hacía discurso sobre la igualdad de todos frente a la ley, ahora se ausente sin explicar de dónde y a costa de qué acumuló tanto dinero precisamente en tiempos en que la ciudadanía soportaba una crisis económica gravísima; porqué lo puso en la banca extranjera y realizó desaforados regalos a una señora que ahora no solo le ataca a él, sino que ridiculiza a toda la casa real y al centro nacional de inteligencia.

 La defensa de la monarquía si es que ha de ser defendida pasa por asumir que el problema creado incide de forma frontal en la legitimidad de la institución.  La monarquía perdurará en la medida que mantenga un mínimo de afecto ciudadano, y ello existirá mientras demuestre utilidad para la unión y la estabilidad. Hoy por hoy el desafecto de los españoles a la clase política -y por añadidura a las instituciones-, parece estar en mínimos históricos, cada facción construye el relato que mejor conviene a sus correligionarios despreciando impúdicamente a la realidad, con el único propósito de generar enfrentamientos fanatizados. Todo vale para enardecer a los acólitos en la destrucción del contrario, y en teoría la figura del rey debería estar por encima de tales reyertas propiciando ejemplaridad, y no lo hará si se esconde detrás de fieles interesados en el mientras tanto. Felipe VI que seguramente es una persona decente, formada y con buenas intenciones, si no actúa de forma rápida y eficiente, no podrá salir de la densa sombra de su padre si intenta eludir parte del total caudal hereditario, y consecuentemente ha de responder con todo su patrimonio presente y futuro por el causante de la herencia, dado que en este caso no vale acogerse al beneficio de inventario.

El patriotismo, como casi todo el patriotismo y muy especialmente el que ejerce la clase dominante que consecuentemente también maneja los puestos claves en la judicatura, por más que intente salvar al Rey tirando piedras y escondiendo la mano contra los que a ellos le incomodan, lejos de ayudarle, solo le alejarán de la utilidad que debería legitimarle.

Barcelona a 28 de septiembre 2020. RRCh

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Covid19 y losotros

 

Cabría la posibilidad de catalogar la pandemia del coronavirus como una bendición, si atendemos por un lado a la posibilidad que nos otorga para cribar a nuestros políticos, separando el grueso de los inútiles y dejar a los pasables, asumiendo que de momento no hallemos a ninguno de completa utilidad.

Y en segundo lugar y como de mayor importancia, conseguir cultivar empatía efectiva con el resto de la humanidad que padecen pandemias desde toda la vida y que no hemos atendido por el ensimismamiento a que nos abocó el disfrute de una larga comodidad que el Covid-19 nos has interrumpido.

Esto que sufrimos ahora y que ocupa la mayoría de nuestro tiempo en conversaciones, telediarios, periódicos, internet, y especialmente viendo como nuestros representantes políticos exhiben impúdicamente objetivas vergüenzas que ellos ventilan como virtudes dialécticas, ha causado cerca de un millón de muertos en el mundo entre los casi veintiocho millones de contagiados. Las cifras asustan y conmueven atendiendo a que, a nosotros, los de aquí, no nos había pasado al menos en los últimos cien años.

Pero para losotros, los de allá en África, Asia y América Latina, la cosa no les deberá parecer algo extraordinario, llevan siglos soportando la pandemia del hambre; según ACNUR unos quinientos catorce millones de seres humanos pasan hambre en Asía, doscientos cincuenta millones de personas la padecen en África y otros cuarenta y dos millones y medio de seres como nosotros la soportan en América Latina, la cosa genera el 45% de las muertes de niños menores de 5 años. Según la OMS – en el supuesto que los cuenten a todos-, en el 2018 ellos soportaron unos doscientos treinta millones de casos de malaria con cuatrocientos cinco mil muertos, y para este año 2020 asumen que serán unos setecientos setenta mil muertos, de los cuales la mitad serán niños y los que se salvan continúan con anemia severa con el consecuente retraso en la maduración intelectual y crecimiento físico, y eso que la “vacuna” más efectiva para la malaria son mosquiteras e insecticidas  puesto que el bicho es un mosquito que se ve sin necesidad de lentes de aumento.  Ellos además y por tal causa, aguantan al año unos ocho millones de casos de tuberculosis de los que mueren la mitad, soportan y mueren por el dengue, el cólera, la enfermedad del sueño de la mosca tsé-tsé, y el ébola. Los más fuertes huyen, un porcentaje elevado acaban finados en el Mar Mediterráneo y los que llegan suelen incomodarnos.

 Y ante esto no se paró el mundo porque parecía que ello sería imposible, pero se paró con el covid-19 de un día para otro, y los de aquí asumimos reducir en hasta un 20% o más el valor de nuestra producción (PIB), cuando posiblemente antes con la mitad de eso hubiéramos acabado con las pandemias de losotros. Podría pasar entonces, que esa natural redistribución del sufrimiento y del miedo al porvenir, que tampoco ha sido equitativa, pero redistribuida al fin, nos vuelva más solidarios.

De entrada, ya lo está viendo con cierta claridad la presidenta de la comunidad madrileña que atribuye la propagación del virus al estilo de vida de nuestros emigrantes.  Puede ser que la mandataria no se explicara del todo  bien, pero se entiende: cuando habla de nuestros emigrantes no se refería a los españoles que emigraron fuera de España sino a los extranjero que vinieron y les llama nuestros porque es muy cariñosa, y al decir emigrantes no se refería a Messi, Simeone o Suárez sino a los pobres incluyendo al los españoles que aquí también han emigrado fuera del estado de bienestar, con el dolor de todo emigrante, y  que ella por elegancia no quiso nombrar de forma directa para no ofender puesto que también están dentro de losotros de aquí; pero sin dudas junto con los que le aplauden asumirán sin demasiada dificultad que, llegar a pobre o a  infectado de covid-19 no suele ser el fruto de una libre elección meditada sino la consecuencia de circunstancias adversas heredadas o sobrevenidas que de a poco nos van emparejando con losotros de allá . Y que seguramente con una redistribución de la riqueza por los que la poseen, las circunstancias de losotros de allá y los de aquí se modifiquen favorablemente con dicha vacuna. Aunque no hay que descartar que se solucione la cosa poniendo puertas al campo para dejar fuera a losotros. Veremos…

Barcelona a 23 de septiembre del 2020, RRCh.