viernes, 23 de abril de 2021

La culpa es de los pobres

 

Nunca he creído que los españoles sean racistas, al contrario, creo que ha sido la población europea -si se compara con otras-, que más se ha integrado en diversos entornos étnicos en todos los países a los que llegaron antes y después del descubrimiento para Europa de las Américas, y siempre y cuando se atiendan a los criterios de humanismo de cada época.

          Otra cosa distinta es la aporofobia (desprecio y/o miedo a las personas pobres o desfavorecidas), y en España hay más de tres millones y medio de extranjeros no comunitarios, de los cuales son pobres en un porcentaje muy superior al de pobres autóctonos.

          Históricamente en todo el mundo a la derecha los pobres le han incomodado tanto como a la izquierda le incomoda la pobreza. Y no es lo mismo combatir a los pobres que luchar contra la pobreza, aunque daría para mucho debatir sobre con qué efectividad la izquierda ha librado o libra tal batalla.

          La derecha parte de la premisa que los pobres son pobres porque quieren serlo, porque no se esfuerzan en prosperar y que además pagan pocos impuestos, son muy caros de mantener para conseguir que se estén quietos, y para colmo tienen derecho al voto. Esto último es lo que más le molesta a la derecha: que los pobres voten. Si los pobres con documento nacional de identidad no tuvieran derecho al voto, la derecha sería claramente combativa con los pobres sin más distingos, excepto naturalmente cuando les son imprescindibles como carne de explotación o carne de cañón para defender la “patria”. Si ahora solo les atribuyen las culpas a los inmigrantes pobres extranjeros es por eso. La derecha asumiendo como mal menor parecer racistas tienen que salvar a los pobres con derecho a voto enfrentándolos con los pobres sin DNI, a fin de conseguir que los pobres autóctonos le voten por la patria.

          Es evidente que, si el porcentaje de pobres entre los inmigrantes no comunitarios en relación con la población total de España es mucho mayor que el porcentaje de pobres autóctonos, paralelamente y por ello, el porcentaje de delincuencia en inmigrantes es mayor que el de autóctonos. Y ello no porque sean negros, amarillo o blancos, católicos, protestantes, ateos o musulmanes, sino por ser pobres y de otras patrias.

           La pobreza humana tiene eso, es difícil que un pobre sabiendo que cerca hay comida, techo o abrigo, pueda reprimir el ruido de sus tripas y la desesperanza solo por saber que el remedio es ajeno. La ajenidad y los derechos negados a un pobre vencido en sus anhelos, suele convertirle en bruto, en el supuesto que el embrutecimiento no le venga de origen por herencia de un desmedido caudal de injusticia, desprecio, ignorancia y soledad. Y ello le impulsará una y otra vez a romper las puertas al campo, las alambradas de las playas y el simbolismo banderil.

          Así las cosas, para la derecha a los pobres autóctonos mejor ignorarlos o encandilarles con espejismos patrioteros, y consecuentemente enredarles para que le atribuyan la responsabilidad de su infortunio a los pobres sin DNI, y la izquierda para combatir la pobreza debería centrarse en la redistribución de la riqueza y no necesariamente tranquilizarles con subvenciones, sino creando la infraestructura y las circunstancias necesaria que les propicien formación y herramientas, y lugar dónde usarlas.

          No creo que la extrema derecha española sea racista, atribuirle tal característica es un recurso tan fácil como inútil, ellos simplemente son patriotas que defienden a la “gente de bien”, entre los cuales no están los pobres de España y cuando les adulan emocionalmente es por la frustración de no poder suprimirles el derecho al voto y solo relegarles como reserva imprescindible al sacrificio; si fueran racistas no hubiera puesto en sus listas como número uno en Cataluña a un negro (odontólogo).

          El cruce de improperios que se hacen nuestros representantes políticos para nuestro deleite cuando enfocan la cuestión, no parece que vaya a mejorar la actitud y disposición de los inmigrantes de fuera de la Unión Europea si no les tratamos como personas de forma eficiente cuando están aquí, o para que no tengan que huir de sus hogares reduzcamos nuestras ansias de beneficios en las patrias de ellos sosteniendo sátrapas de barriga fría.

Barcelona a 23 de abril 2021. RRCh.

lunes, 22 de marzo de 2021

Pandemia covid-19 y sus secuelas.

 

Seguramente nunca sabremos a ciencia cierta cómo se generó el virus, dónde, y porqué caminos se propagó, y tampoco a corto plazo conoceremos qué consecuencias en la salud de las personas producirán las distintas vacunas que se están utilizando para hacer frente a la cosa.

          Como estamos en un mundo globalizado en el que creemos tener derecho a conocer inmediatamente todos los detalles, no solo de lo que es, sino también de lo que será, puesto que en ello se sustenta nuestra seguridad, y la seguridad la hemos situado por encima de todos los bienes y además la exigimos. Tales ansias de conocer el futuro sin margen de error, nos impulsa a la especulación sobre lo desconocido, y surgen multitud de teorías de conspiración. Toda teoría conspirativa, se me antoja que, se habría de sustentar al menos en tres principios: razonabilidad, probabilidad y verosimilitud. Pero, así como que todos tenemos un culo, hemos de tener también una teoría, sea razonable o no, probable o no, verosímil o simplemente una idiotez. Las teorías sobre lo no sabido se han convertido en un derecho fundamental, un derecho humano más, que naturalmente se ha de respetar, cómo lo hacemos con los terraplanistas: personas que en su legitimidad teorizante humana aseguran que el globo terráqueo no es un globo sino un disco redondo y plano. Y si sobre la redondez de la tierra caben teorías revisionistas, ¡qué no iba a pasar con el covid!. Y así, es probable que la inventaran los chinos, aunque no se entiende muy bien para qué iban a querer matar a millones de personas si realmente lo que quieren es que vivan para producir allí y que les compren sus productos fuera, y menos se entiende que ninguna superpotencia de las habidas estuvieran en el ajo y ya dispusiera de la vacuna para aprovechar los réditos de su creación, o sin estarlo no se hubieran puesto como una moto contra China para de paso cerrarle el camino a la competencia económica que le está haciendo al mundo occidental. También podría ser al revés, que el mundo occidental creara el Covid en China para diezmar la población china y su economía, y se les escapó antes de tener preparado el antídoto o lo propagaran a propósito en pro de la cuenta de resultados, aunque también es raro que los chinos no hayan protestado o aún no se hayan dado cuenta. Aunque la teoría conspirativa que está teniendo más éxito es aquella que dice que fue un invento de los laboratorios farmacéuticos que al unísono se ha puesto de acuerdo para jodernos a todos y de paso meternos un artilugio maligno que nos controle a fin de dominarnos como marionetas. Y esta no parece muy verosímil puesto que ya existe internet como propagación de la idiotez por los millones de teóricos que la contagian adrede con reenvíos constantes. No se entiende entonces cómo tales laboratorios iban a invertir en un invento que ya existe, y aunque no se inventara con tal finalidad ya el hemos encontrado el truquillo para autocontrolarnos en el ahorro de energía cerebral.

           Faltaría entonces para concretar un poco, una teoría sobre cómo y para qué se iban a ocupar en manejarnos y cual sería la porquería que nos meterán con la vacuna.  Aunque parecería que la esencia de las teorías conspirativas se encuentra en el juego político que nos brinda y mediante la cual le atribuimos la responsabilidad de lo que nos pasa por el Covid a los representantes políticos que tenemos, y siempre que los tales nos caigan mal serán unos asesinos, si no caen bien cualquier burrada de los nuestros nos parece sublime por salvadores. De paso, y consustancial con lo anterior, abonamos nuestros sentimientos identitarios: la patria y los ataques de los otros; la raza y los ataques de los otros; el género y los ataques de los otros; la identidad sexual y el ataque de los otros, y el ecologismo y al ataque de los otros.

          Pero bueno, de momento nos vacunaremos todos no vaya a ser que sea una pandemia generada por un virus con autodeterminación identitaria, nos quedemos sin dosis y vayan todas para los otros.

Barcelona a 22 de marzo del 2021. RRCh

jueves, 18 de febrero de 2021

Libertad de expresión

 

    Hasta que no reformemos la Constitución, si es que existen razones para hacerlo, alguien las esgrime y propone un texto sustitutivo, respecto a la libertad de expresión, dice literalmente el Art. 20

1. Se reconocen y protegen los derechos:

a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.

c) A la libertad de cátedra.

d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La Ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.

2. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

3. La Ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España.

4. Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

5. Sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial”.

Como es de ver, los límites a la libertad de expresión están en respetar los derecho reconocidos en al Título I de la misma Constitución, en el que se incluyen el derecho a la dignidad y el respeto de los derecho a los demás (10), el derecho de los extranjeros (13), el derecho a la igualdad ante la ley (14), el derecho a la vida y a la integridad física y moral (15), el derecho a la libertad ideológica, religiosa y de culto (16), el derecho a la seguridad (17), derecho al honor, intimidad y propia imagen (18), el derecho a la libre circulación en el territorio nacional y de entrar y salir de él (19), derecho a manifestarse pacíficamente (21), el derecho a asociarse (22), el derecho a participar en los asuntos públicos (23), el derecho a la tutela judicial efectiva (24), el derecho a la educación y libertad de enseñanza (27), etc, etc.  De ello parece deducirse que la libertad de expresión debe parase y ser reprimida en el preciso momento que se enfrenta a los otros derechos de los demás y que el Art.20 de la Constitución señala.

       Cosa distinta será valorar si tal necesaria represión y sus consecuentes reprimendas se han de instrumentar a través del Código Penal mediante penas privativas de libertad o se ha de hacer mediante otras leyes y con otras consecuencias sancionadoras. Es muy posible que las penas de cárcel para los infractores no sea la mejor forma de reprimirles, aunque seguramente vamos a tener que pensarlo cuando las palabras se utilizan como arma letal, y según de la boca de quién salga, a cuántos oídos llegue y a cuántas cabezas envenenan. Expresiones que se han publicado como las siguientes: "¡Merece que explote el coche de Patxi López!", "No me da pena tu tiro en la nuca, pepero. Me da pena el que muere en una patera. No me da pena tu tiro en la nuca, socialisto","Que alguien clave un piolet en la cabeza de José Bono", "Pena de muerte ya a las Infantas patéticas, por gastarse nuestra pasta en operaciones de estética"; "Jorge Campos merece una bomba de destrucción nuclear”,“ Llegaremos a la nuez de tu cuello, cabrón, encontrándonos en el palacio del Borbón, kalashnikov", “Quiero transmitir a los españoles un mensaje de esperanza, ETA es una gran nación" o “Nuestros enemigos son los judíos”, igual sí que requiere un tiempo de cárcel o algún tipo de internamiento en centro especializado en la cura de la indecencia. Aunque hay que valorar que las reprimendas de estos idiotas no les convierta en mártires por parte de violentas minorías amplias de idiotas, que además consigan que el idiota condenado acabe viviendo de las idioteces expresadas y su reiteración se convierta en su único medio de vida.

       Como los límites de la libertad de expresión ya están en la Constitución hasta que la cambiemos, tendremos que atinar al establecer la forma de reprimirla cuando se salten los límites, que sea para todos iguales, digan lo que digan, pretendan lo que pretendan y sean de ultraizquierda o de ultraderecha. Atendiendo a que la gran basa del populismo hoy por hoy se halla en la capacidad y el éxito que han demostrado tener en prostituir el lenguaje subvirtiendo los conceptos, que en base a la economía circular van reciclando estupendamente las mayores bajezas intelectuales de forma y manera que se retroalimentan los extremos de izquierda a derecha a fin de socavar los fundamentos esenciales de las democracias. Cualquier comparación es válida o no lo es en absoluto, dependiendo de quién las haga, y naturalmente su hacedor se autoproclama garante de esa democracia que con sus idioteces debilita.

       Si resulta que desde las instituciones del Estado las personas que las encarnan instan y promueven quebrantar la Constitución que les posibilitó tal posición representativa, se entiende como un acto de ejercicio democrático dimanante de la legitimidad y soberanía que les otorgaron sus votantes, con lo que para éstos el apoyo popular de sus adeptos -excluyendo los que están en contra aunque sean mayoría-,  estará por encima de la propia Constitución que debería ser el marco superior jerárquico de toda la legalidad vigente. Los que defienden esa legitimidad o superioridad moral por encima de la legalidad, no opinan lo mismo aunque se haya hecho o se expresen cosas similares y con idéntica finalidad si lo ejecuta, dice o respalda Trump, Echenique, Abascal, Puigdemont, Iglesias, Torra o una chica de camisa azul.

       De momento los textos para corregir tales anormalidades no están, nos mantenemos ocupados para romper lo existente sin noticias de cómo se repondrá el solar baldío acabado el derribo.

 Barcelona a 18 de febrero 2021. RRCh

jueves, 7 de enero de 2021

POPULISMO

 Al parecer el populismo no es un compendio de ideas políticas dirigidas a la transformación social con la coherencia, razonabilidad y posibilismo que se le debería suponer, consecuentemente no es de izquierda o de derechas. No obstante, atendiendo al éxito que van recogiendo habría que admitir que tanto los que se confiesan de izquierdas como los que lo hacen como de derechas, no son ni una cosa ni la otra, puesto que ambas facciones se han apuntado al fanatismo que se revela como la acepción más ajustada del populismo.

          El fanatismo no tiene el menor interés en convencer a nadie mediante la exposición de sus razones sustentas en hechos objetivos y contrastables, sino que renunciando al más elemental sentido crítico pretende imponer por los medios que sean sus decisiones como las únicas válidas e imprescindibles, al tiempo que prodigan con los más groseros insultos a sus oponentes, que a su vez ellos les responden con idéntico arsenal.

          La libertad de expresión, concepto que es (o debería ser) la esencia de los sistemas  democráticos, lo hemos prostituido de tal manera que sirve igual para un roto que para un descocido, de forma que un supuesto “artista” puede recitar versos y soflamas incitando públicamente  a matar  a un político o a policías y no merece castigo porque ejerce su libertad de expresión, y los que niegan que esto sea así, siendo militares retirados, alegan el mismo derecho para ellos cuando afirman que se han de fusilar a millones de personas de su amada patria, y los que están en contra de tales fusilamientos piden la actuación de la justicia, pero si por otros hechos presuntamente delictivos la misma justicia actúa contra ellos es porque está corrompida. Rodear una Consejería o un Parlamento para intentar impedir lo que se está decidiendo dentro, intentando entrar y si se frustra impedir que salgan los que hubieran en el interior, es un acto de libertad de expresión y  de ejercicio democrático de derechos,  pero no lo será si los que intentan impedir una decisión con igual método son los de la facción contraria, en este caso no será otra cosa que un acto de extremismo antidemocrático, según sean unos u otros, los actores serán fascistas o comunistas. Las dos facciones aman al pueblo y a la patria, pero si el pueblo de la patria en elecciones no les da la razón, no admiten perder y buscan dentro de ese pueblo patrio a los responsables de su “falsa” derrota, que naturalmente nunca serán ellos mismos.

          Cuando se ataca al sistema, término que hace años se usa en tono peyorativo para definir al enemigo, realmente se apunta al sistema democrático, que sin ninguna duda tiene sus debilidades, incompetencias y corrupciones, pero quienes le atacan en ningún momento exponen qué sistema proponen como mejor sustituto, o qué medidas consideran idóneas para corregir el sistema que tenemos, sencillamente parecen abocarse a su destrucción sin ofertar otra alternativa.  Frases como nos robaron las elecciones, España nos roba, no entregaré la Casa Blanca, el cielo se toma por asalto, acabemos con la casta, hagamos un muro que pagarán los mexicanos, no pasarán, acabaremos con el régimen del 78 o con este gobierno ilegítimo social-comunista; todas son frases cortas fáciles de asumir emocionalmente sin necesidad de pensarlas, efectivas precisamente si no se piensan, y que en todo caso van dirigidas al enemigo, ignorando adrede que se refieren a sus conciudadanos. Buenos o no, pero conciudadanos, que en la cúspide del “sistema” tienen como regla de convivencia una Constitución. No se trata de comparar la capacidad destructiva que tenga el Sr. Trump con la de otros predicadores más menudos, pero si son comparables los mensajes y las finalidades de derribo que denotan; la descarada ausencia de cualquier idea constructiva. Pero lo más curioso es que cuando las cosas se ponen tremendas los unos y los otros siempre van a buscar en la Constitución un asidero del cual colgarse y en ese momento se olvidan del régimen que combaten, posiblemente porque no han sido capaces de construir una alternativa que merezca ser defendida proclamando sus virtudes.

          Las redes sociales si fueran bien utilizadas serían un instrumento maravilloso, pero tienen el anonimato como defecto sustancial, y se podría reducir convirtiéndolo de pago a bajo coste, por ejemplo, un céntimo por mensaje o reenvío en tuiter, wasap y demás redes. Si se tuviera que pagar se dirían menos tonterías reduciendo el número de idiotas, y además pagando se acaba el anonimato porque se podría saber el titular de la cuenta bancaria por la que se verificara el pago, e incluso sería estupendo que tales pagos revirtieran en los medios periodísticos en proporción a su número de seguidores.

Barcelona a 7 de enero del 2021. RRCh.

jueves, 24 de diciembre de 2020

NAVIDAD

 

Desde gurí y hasta que fui muchachón tuve fe en que Cristo era hijo de Dios, y que éste con su magnanimidad, sentido de la justicia y teniendo el oficio de perdonar, nos protegía de todos los males.

           Es posible que la fe mía no fuera tan sólida como me parecía entonces, y que realmente el entorno de la Iglesia de Isla Mala me proporcionó un ámbito de libertad de pensamiento y reflexión, que la dictadura miliquera de allá, en Uruguay, nos negaba a todos, incluyendo a los que nunca se dieron cuenta o sencillamente la libertad les daba miedo.

           Y acabé sintiéndome agnóstico, que es algo así como la incapacidad de concebir la idea sobre la existencia de un ser o ente superior que todo lo puede, aunque no es menos cierto que tengo fe aún, que algún día me convenza de que he estado equivocado y que Dios es un hecho cierto.  El no tener una creencia sólida en que existe un Más Allá gestionado por un Ser Supremo que compense eternamente las maldades del mundo, en cierta medida sustenta un sentimiento de orfandad latente, especialmente porque impide tener a alguien a quién hacerle reproches y pedirle explicaciones por haber permitido y seguir permitiendo tantas injusticias y sufrimientos a buenas personas.

          Pero lo de Cristo es distinto, independientemente de quien lo haya engendrado, puesto que al parecer hoy en el mundo hay más de seiscientos cincuenta millones de personas que le siguen, en algunas enseñanzas (no en todas), y es extraordinario que ello se haya mantenido por más de dos mil años.  No está claro si nació en la noche del veinticuatro de diciembre del año cero o del uno, ni si existía ese año que seguramente tenia otro número y el mes se llamaba de otra manera, pero es lo que menos importa; lo que sí es significativo es que sus padres- biológicos o el varón solo de adopción-, eran pobres, y la criatura desde gurí y hasta que los que ostentaban el poder lo clavaron en unos palos cruzados para que se secara al sol y fuera escarmiento de sus seguidores, solo tuvo la palabra. Y, joder, que algunas de sus ideas hayan perdurado dos mil años es algo excepcional. Cosa distinta es la valoración que merecen los gestores de sus palabras o de la hipocresía en que se vanaglorian alguno de sus fieles más emperifollados. Es más que probable que Cristo cimentó el cristianismo entre el pobrerío, que siempre ha sido mayoritario en números que los poderosos, y de ahí arrancó su éxito. Y además él se mantuvo pobre – estado que el pobre común no suele tener como aspiración vital-, e intentó, o consiguió, que su doctrina -inspirada en la no violencia-, enriqueciera la mente de los que no tenía más que privaciones y sufrimientos.

          Especialmente esta Navidad no va a ser de muchas alegrías, hemos perdido a muchos, y a algunos cercanos de mucha valía, pero igual es buena cosa recordar a un gurí chiquito que nació en un pesebre de animales rodeado de bosta y desolación, parido sin ninguna duda por una mujer,  sin partera ni epidural, y desde que se hizo mozo y hasta que le mataron siendo joven, solo tuvo la palabra y con ella se enfrentó a la injusticia de los mandones de barriga fría, y ni matándolo consiguieron parar el tránsito de su mensaje, que salido de su garganta con conceptos sencillos e integradores, dos mil años después ilumina a tantos.

           Y lo deberíamos celebrar, máxime si lo contrastamos con el barullo y el embrutecimiento de la raza de víboras que siguen intentando invadir el templo de todos para convertirlo en cueva de ladrones y rufianes.    

Barcelona a 24 de diciembre del 2020. RRCh

lunes, 16 de noviembre de 2020

El posible declive del Tarugo Amarillo

  

            En mi escrito de 15 de octubre sobre la victoria de los idiotas, acababa diciendo: ya verán que ganará Trump, y parece que me equivoqué y que nos hemos salvado, aunque sea en el anca de un piojo. Si se mira lo ajustado que fueron los resultados de las elecciones en los estados unidos de la América del Norte, podría decirse que moralmente (inmoralmente) el Tarugo Amarillo ganó, porque sumó más votos de los que tenía, aunque es verdad que el número de ciudadanos que acudieran a las urnas fue mayor y también Biden batió el récord en el apoyo ciudadano. Lo más significativo, si se mira el mapa de los estados unidos en relación con el respectivo sentido del voto ciudadano, aparece un cinturón entorno a las costas de los dos océanos -que se corta al sur- que votó por Biden y es dónde existe mayor concentración poblacional, el resto del territorio más amplio en superficie, pero con menos concentración de personas, siguió votando a Trump, lo que implica que se igualó la desigualdad. Todos conocen, incluidos los idiotas, que Trump es un magnate de la casta dirigente ancestral, lo que en el idioma de ellos le llaman establishment. Esa casta trae causa desde la conformación inicial de los EE. UU., que se basó en el racismo y la ansiedad por la consecución de lucro a cualquier precio, instinto dimanante del protestantismo calvinista y luterano, que prima la fe sobre los hechos. Los pioneros de los EE. UU. con la biblia en la mano baboseando a su divinidad, fundamentaron su riqueza en el sacrificio planificado de lo que ellos consideraban razas inferiores, negros, indios e hispanos. Mientas se “liberaban” de los indios de los que conservaron a los más dóciles en “reservas” para turistas blancos, explotaron como bestias a los negros que les trajeron cazados como animales en África, los ingleses, holandeses y franceses que fueron los campeones del esclavismo, luego cuando se hicieron con parte de México los fueron complementando con hispanos. A pesar de los movimiento sociales por los derechos civiles de Martin Luther King , Malcolm X y otros, hasta hoy todos los no blancos constituyen una clase social subsidiaria, de segunda. Los blancos tienen normalizado que esta clase subsidiaria sean porcentualmente ampliamente mayoritaria en las prisiones, los principales candidatos para la pena de muerte y minorías en las universidades, y ante la menor sospecha de peligro -objetiva o imaginaria- le aplastan el cuello o lo agujerean a tiros. Normal. Esa amplia franja interior de norte a sur de los estados unidos votó y siguen votando al Tarugo Amarillo, lo hacen con la biblia en la mano implorando a dios al tiempo que exhiben orgullosamente armas de fuego extasiados de odio, y las elecciones del 2020 han acreditado una igualación en la desigualdad. Y no se trata solo de desigualdad económica, que también, lo esencial es la desigualdad cultural, moral y emocional. Los EE. UU. tiene posiblemente la mayor concentración de ciudadanos formados en prestigiosas universidades privadas y con acceso a la tecnología más puntera del mundo, y a su vez en fratricida igualdad, el mayor número de tarugos embrutecidos por la ignorancia que sustentan el alegre uso de las armas de fuego, la pena de muerte, el racismo y todo lo que propicie la segregación en pro de la supremacía blanca que habla en inglés. El Tarugo Amarillo les conquistó esgrimiendo que él combate a la casta (establishment), algo tal irracional como que un macho alfa de una manada sanguinaria de zorros convenga a un amplio gallinero que él con su manada les salvará, y los gallos y gallinas están dispuestos a dar su vida y la de los demás por el ungido salvador que reina sobre los idiotas en twiter simulando ser un igual.

            Pero cuidado, a estos idiotas no se les ganará segregándoles mediante eso que supuestos progres revenidos llaman cordones sanitarios, no; solo habrá una esperanza si somos capaces de desidiotizarlos, y no parece existir mejor antídoto para su necesaria integración como ciudadanos libre pensantes, que la educación objetiva, gratuita, y obligatoria, que no parece que llegue a todos a través de la enseñanza privada dispensada por la casta solo al alcance de sus cachorros en retroalimentación, lo que en ingles le denominan establishment.

 Barcelona a 16 de noviembre del 2020. RRCh

jueves, 15 de octubre de 2020

La victoria de los idiotas.

 

           El término idiota que hoy se utiliza como insulto con el exclusivo ánimo de ofender, procede del griego de la Atenas del siglo V antes de Cristo, y tenía un significado más instructivo, algo así como la definición de la persona que no se interesaba por la política como gobernanza colectiva, y al estar estos siempre ensimismados en su egoísmo, asumían en su desinterés como bueno. lo que objetivamente le causaba un perjuicio o de manera inexorable se lo causaría.

           Eran aquellas personas que despreciaban cualquier pensamiento que no tuviera una relación íntima consigo mismo, de manera que frente a todo lo externo a su yo lo trataban como sentires y no como pensares. A los atenienses de entonces que en su mayoría entendían la democracia como un compromiso personal con sus conciudadanos, a estos idiotas no les tenían aprecio. Aquellos idiotas no pensaban en la cosa pública, cualquier decisión de interés general que de forma obligada tuvieran que tomar, la adoptaban en base a chismes o simpatías para disimular la ausencia a cualquier implicación.

          Partiendo de esta conceptualización del término, no parece desaforado afirmar que estamos rodeados de idiotas, y lo peor es que este tipo de idiotez se contagia de manera exponencial; nos contagia y en una mediada u otra todos la vamos propagando. Actúa como la niebla que parece que no moja, pero al final del día se acaba empapando y si es fría se mete hasta los huesos.  Además, se ha puesto de moda, si no se es un poco idiota o al menos se aparenta serlo se corre el riesgo de quedar fuera de juego o fuera de la época que nos toca vivir.

          La idiotez confunde, no se sabe si los representantes políticos son idiotas y transmiten la idiotez a sus votantes o los votantes son los idiotas que votan a idiotas por empatía. Nos estamos acostumbrando a poner en valor la idiotez a base de tolerancia y conmiseración, algo así como considerar a los idiotas como fruto de la sociedad, y como fructifican tanto la sociedad será entonces totalmente compuesta por idiotas.

  

Barcelona a 15 de octubre del 2020. RRCh.