miércoles, 6 de febrero de 2019

PEDRO SÁNCHEZ, de renacido a reemplazable.


No sería necesario que Pedro Sánchez publique un libro suyo titulado Manual de Resistencia, puesto que su capacidad de lucha personal ya la tiene demostrada y hasta reconocida. Pero la resistencia personal siendo una virtud, no lo parece tanto o no lo es, cuando consiste en alargar caprichosamente un período como presidente del Gobierno de España. En los últimos diez días ha cometido más o menos cuatro errores importantes que le sitúa más ante la defenestración que en la supervivencia, y lo peor será que su caída arrastre también a su partido y parte de la llamada izquierda en pro del triunvirato de la derecha. A primera vista parece que la izquierda española está gestando una dimisión en bloque, un desistimiento absoluto para después de sacarse los ojos los unos a los otros. El ultimátum a Maduro, tratando de seguir a Trump con disimulo fallido, no parece que le traiga a España nada bueno, ni a los venezolanos de aquí, ni a los españoles que están allá; al menos mientras tanto decidan las Fuerzas Armadas venezolanas si el Golpe de Estado se lo dan al Parlamento o al Ejecutivo de su país, para destituir el presidente que sobra. Y violencia va a haber, aunque Maduro se rinda con un golpeteo de patas en el suelo; los chavistas, los bolivarianos, los maduristas y los pobres en general seguirán ahí, como el petróleo, aunque esto último sea lo realmente apreciado. El cambio de la doctrina del derecho internacional de reconocer Estados por la nueva de reconocer presidentes le va a traer problemas añadidos a España como a la Unión Europea. A España ya se lo apuntan los partidarios del Estado Catalán, de entrada. El segundo error ha sido ese de cambiar los criterios en las desgravaciones fiscales en cuanto a las donaciones o no, efectuada por los padres al colegio concertado al que envían a sus hijos, ataca así a una clase media que se tambalea en su sitio y que no le va a gustar. Otro error es lo del libro, ¡hombre!, no parece el momento para contar gestas personales en plena actuación del personaje central del lo contado; si la intensión fuera distraer puede no acertar o tirar el tiro por la culata. Pero la estrella de la cagada ha sido eso de introducir un relator, notario, coordinador, intermediador o como se le llame, en las supuestas conversaciones curativas que el Gobierno propicia a los separatistas de Cataluña. Es cierto que el ciudadano en estos momentos parece que está más o menos dormido o demasiado distraído en varias cosas a la vez, pero si se le mete el dedo en el ojo y se le trata como idiota, igual se despierta y medio aturdido por la irritación -la del ojo-, apuesta por el Triunvirato (Casado/Rivera/Abascal) aunque sea para molestar o intentar acabar con tanta bobería; es tan impresionante que  parece que la izquierda se hubiera vendido a los contrarios. Si resulta que va el señor de Esquerra republicana diciendo que ellos no van a apoyar los presupuesto de Sanchez por más que sean buenos para su gente porque quieren que Sanchez apreté al Fiscal para que retire la acusación a los políticos presos, y que luego Sánchez acepte la intermediación internacional para un referéndum de independencia de Catalunya respecto al Reino de España; cómo se le ocurre a Sánchez acepar después de eso que haya un relator, interventor o como carajo le quieran llamar en esas conversaciones, pero, ¿qué van a conversar?. Porqué no ponen una grabadora encima de la mesa y se llevan una cinta cada uno para recordar lo que al santo pedo dijo uno y otro. O, el coso ese del mediador o como le pongan, ¿va a dictar un laudo arbitral de obligado cumplimiento para las partes?

Barcelona a 6 de febrero del 2019. RRCh.

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