Es cierto que la cuestión
catalana solo se puede resolver políticamente. No obstante, la mayor dificultad
para la solución radica en que la problemática emocional y la acumulación de
agravios, es el resultado de una creación sustentada en la concatenación de
mentiras y de la manipulación social de políticos irresponsables parapetados en
el sentimiento de impunidad. Con ello resulta improbable que los autores de la
problemática sean parte de la solución. Ningún ciudadano español, entre los que
naturalmente se hallan los de Cataluña, tienen un trato diferenciado por el
lugar donde residen, ninguno tiene más o menos obligaciones por vivir en Cádiz
o en Gerona: no paga más impuestos, no tiene distintos derechos
constitucionales, todos están sujetos al mismo Código Penal y responden por las
mismas razones. La primera mentira y la más execrable manipulación se produjo
cuando se sumaron los impuestos que pagan el conjunto de ciudadanos residentes
en Cataluña (incluyendo las empresas que ya se fueron), para compararlos con
los que pagan el conjunto de ciudadanos y empresas de otros territorios
españoles para así intentar demostrar que los catalanes pagan más y España
(excluyendo Cataluña) les robaba. La manipulación es tan absoluta como si se
compararan los impuestos que pagan los barceloneses y las empresas de la parte
de arriba de la Diagonal con los que pagan los de la parte de abajo dividido
por el número de contribuyentes. Si se hubiera hecho esto se podría decir que
los barceloneses del Rabal y Nou Barri roban a los de Sarriá y Pedralbes, y
haciendo tales cuentas sería cierto. Pero evidentemente esto al separatismo no
le interesaba porque se quedarían en
minoría, y era preciso utilizar un pegamento que intentara aunar tales
desequilibrios económicos sin necesitar efectuar redistribución de la riqueza,
y entonces usaron el idioma para tal cometido. Si se podía enquistar en la
conciencia social que el idioma catalán era un hecho diferenciador, cuantos más
ciudadanos lo hablaran desde la infancia más distintos se sentirían, y más
fácil sería hacerles sentir víctimas del arrollador idioma castellano y
consecuentemente víctimas de España. De
forma que aquellos que solo se comunicaran en castellano no fuera considerados catalanes
auténticos, sino más o menos emigrantes permanentes bajo sospecha. Con ello, y
con el manejo del dinero público para fines particulares y partidistas
consiguieron que muchos hijos de españoles venidos de otros territorios de
España, para sentirse integrados con la esperanza de ser considerado de “los
nuestros”, o “de los suyos” mejor dicho, fueran sintetizando el sentimiento de
pertenencia junto con el de víctimas del Estado opresor español. Esta
incipiente rebeldía ante el resto del Estado fue el mayor éxito de la burguesía
corrupta de este lado del territorio español, y lo fue porque una parte de la
izquierda y de los sindicatos, pensaron que podrían manejar la situación a su
conveniencia y realmente fueron ellos los manejados, y una vez entraron en el
juego no consiguen hallar la salida. Cuando el separatismo catalán con el apoyo
o el silencio de la seudo izquierda habla de corrupción se refiere a la
española fuera de Catalunya, no a la propia; no a la de Banca Catalana, aquella
creación de Don Florenci Pujol Brugat en época de Franco (1959) con su hijo Don
Jordi, el ex molt honorable que
recibió la herencia de Don Florenci en Andorra; ni el caso Adigsa, ni el caso
Casinos, ni el caso Pallerols, ni el caso Mercurio, ni el caso Port Vell, ni el
caso Pretoria, ni el caso Palau, ni el caso ITV, ni el caso 3%, ni el caso
Familia Pujol; bueno se supone que éstos robaron por la necesidad de
independizarse de España. Todo esto se ha intentado tapar y en parte conseguido
con el manto de la bandera catalana, que luego para hacerla algo más agresiva o
contundente se le añadió un triángulo azul con una estrella blanca, a lo que la
seudo izquierda pueril trató de contrarrestar o diferenciarse sustituyendo el
triángulo en amarillo y la estrella en rojo. Y a partir de aquí se fue construyendo
el sentimiento de impunidad amparado en el legitimismo situado por encima de la
legalidad. Debían ser impunes porque tenían legitimidad para ser impunes, y si
tal impunidad se le niega es porque los negacionistas
no son demócratas, son españolistas que es sinónimo de anti demócratas y éstos,
aunque sumen más de la mitad de los ciudadanos de Cataluña no son más que esa
masa de emigrantes permanentes. Para condimentar el barullo reivindicatorio de
impunidad han desfigurado la historia con absoluto descaro, señalando como que
Cataluña fue independiente entre 1640 y 1652 cuando esta parte del territorio
español liderado por el catalán Pau Claris se entregó en vasallaje a los
borbones franceses, perdiendo el Rosellón y nombrando a Luis XIII conde de
Barcelona, y luego volviendo a España; años después (1714) con similares
ímpetus separatistas se entregaron a los “buenos oficios” de Inglaterra y
Austria para quitar a Felipe V (borbón español) y el laureado prócer del actual
separatismo, el abogado Rafael Casanovas, después de la caída de Barcelona,
perdonado por Felipe V, siguió siendo abogado bajos las leyes borbónicas más de
20 años. En esta última oleada de
legitimismo catalán, Artur Mas puso de entenado a Carles Puigdemont, para que
le cuidara la silla calentita con los votos de la CUP. Puigdemont que antes
nadie le conocía ni nadie le votó, simuló o simbolizó la declaración de la
república catalana, y se mandó a mudar a Bélgica porque allí aprovechando el
enredo entre flamencos y valones podría disfrutar de impunidad, al tiempo que
seguía insultando al estado español de lejos para no arriesgarse. Su arraigado
sentimiento de impunidad y sus delirios de grandeza le distrajo y lo cazaron en
Alemania. Los fanatizados por sus diatribas -que antes capitalizaban las rajoyadas del pasado uno de octubre-,
por defender al huido/capturado se hicieron pegar y pegaron a los mossos d´esquadra en defensa de la falsa
república, situándose como no, en la posición de víctimas de la represión. El
presidente del Parlament, Sr.
Torrent, puesto a dedo para que se dejara mandar, se está creyendo el cargo, y
quiere que el preso catalán en Alemania sea presidente, no se sabe si de la
Comunidad Autónoma de la Cataluña dentro del Reino de España o de la República
Catalana independiente, pero naturalmente exigiendo como está mandado que se le
respete la impunidad, como buen legitimista con patente de corso. Al mismo tiempo el Sr. Torrent reprende al
Jefe actual de los Mossos por haber
impedido que los separatistas reventaran la Delegación del Gobierno del Estado y
el Consulado alemán con sus democráticas y pacíficas manifestaciones “espontáneas”
atravesando contenedores de basuras, con cortes de carreteras y autopistas, y
pintadas contra los no catalanes de Cataluña.
Barcelona a 26 de marzo del
2018.- RRCh
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