lunes, 18 de noviembre de 2019

El abrazo


Pedro Sánchez con buen criterio cuando se postulaba como futuro presidente de España, dijo de Pablo Iglesia, que no podía hacer gobierno con él porque serían dos gobiernos contrapuestos en uno; que Iglesia decía que en España había presos políticos y que lo de Cataluña solo se resolvería con un referendo, y que si le daba a Iglesias o a los suyos ministerios de Estado no podría dormir. Paralelamente y en los mismo momentos Iglesias decía que Sánchez quería pactar con la derecha, porque así se lo mandaba el Ibex 35, y que por eso en el período que gobernó Sánchez no derogó la reforma laboral de Rajoy. Dos días después los dos se fundieron en un abrazo en el qué Iglesias se subió en putas de pies a los hombros de Sanchez y cerrando los ojitos apretó su cara contra la oreja de Pedro, y luego sonreía como niño con juguete nuevo. El episodio fue obsceno e impúdico por indigno e innecesario. Si ambos hubieran sido un poco más decentes debieron haber expuesto cada uno de los puntos de sus respectivos programas electorales a los cuales iban a renunciar, los motivos por los cuales era menos malo renunciar a tales promesas, y explicar qué promesas compartían e iban a desarrollar en el supuesto que dicha coalición tuviera votos suficientes en el Congreso para salir adelante. Pero no, nada de eso, lo que si van explicando es cómo se van a repartir el Consejo de Ministros y que al que antes no dejaría dormir a Sánchez ahora le ilusiona tanto que lo hará vicepresidente. La ilusión generada en ellos por la perspectiva de un gobierno habitado por los dos, no parece que tenga nada que ver con el interés de los españoles, sino que evidencia el goce de la plenitud personal anhelada por ambos. Lo que al parecer está claro es que no van a tocar, como si no estuviera sucediendo, lo de Cataluña: que llevemos casi un mes con la Plaza Universidad tapada de basura y tiendas de campaña que presuntamente están ocupando indigentes, dado que el frio y la lluvia ha motivado a los presuntos estudiantes que iniciaron la acampada a buscar abrigo en sus domicilios, y que mientras tanto esté cortada la Gran Vía y la Calle Pelayo; que corten autopistas y otras calles cuando a los CDR le sale de su arco de triunfo; que le bufón de Torra hable de que comió butifarra con mongetes mientras iba hacia el Palacio de Justicia para ser juzgado, insinuando como burla  que igual en la declaración ante los jueces le saldrían ventosidades por vía distinta a las que habitualmente  salen por su boca; todo esto no se comenta por los coaligados tal como si no existiera.

          Para que esa coalición entre Sánchez e Iglesias consiga los apoyos parlamentarios para logar una investidura, necesitan sí o sí también el apoyo de Esquerra Republicana, la cual exigirá como ya está exigiendo, que Sanchez accedas a admitir lo que no puede admitir si no quiere situarse al margen de la Constitución y con la oposición de las otras 16 Autonomías: que se hable del referendo de independencia. Y lo exigirá Esquerra Republicana no porque le importe más Cataluña que España, no, porque lo único que les importa son los escaños que ganarán o perderán cuando Torra o quien le suceda convoque elecciones en Cataluña; y los más o los menos sillones que conseguirán, ellos creen posiblemente con razón, que dependerá de si se pone de culo ante España o de perfil. Aún suponiendo que hubiera investidura, inmediatamente después vendrá la necesaria aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, aquellos que no se aprobaron hace unos meses porque Esquerra Republicana se opuso y ¡eso que habían sido presentados por Sánchez e Iglesias! Por tanto, si hay gobierno de coalición, las perspectivas de durabilidad serán cortas.

          Sanchez tiene otra opción, que es no presentarse a la investidura y decir públicamente que si lo intenta el PP de Casado el PSOE se abstendrá. Si lo hace, con los 120 escaños del PSOE en abstención, Casado necesita 116 apoyos que con Vox los tiene de sobra; y que formen gobierno ellos, resuelvan si son capaces el desgobierno de Cataluña, y Sánchez e Iglesias tendrán sus 155 escaños para hacer oposición. Pero para eso tendrán que dejar de mirarse sus ombligos y centrarse en valorar el futuro de España. Si no lo hacen y la coalición Sánchez e Iglesias fracasa, como es previsible, en las próximas elecciones barrerá la derecha y  por muchos años.

 Y pagaría por equivocarme.


Barcelona a 18 de noviembre del 2019. RRCh.

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