jueves, 6 de septiembre de 2018

REGULARIZACIÓN DE LA PROSTITUCIÓN


Cuando lo que se pretende analizar son las consecuencias y no las causas de las cuestiones sociales, es fácil la crítica con frases políticamente correctas y muy solidarias con las personas que han de pechar con tales consecuencias; ahora bien, con ello no se alivian las consecuencias en las personas que las sufren. Queda bien decir en el caso de la prostitución, que esto no puede ser un trabajo y por tanto no se ha de regularizar, puesto que un trabajo es lo que se hace con el cuerpo y la prostitución convierte el cuerpo en el lugar y objeto del trabajo. Queda bien comparar la legalización de la prostitución con la legalización de la esclavitud, el trabajo infantil y el proxenetismo. Pero este argumento es sabidamente falso. La ilegalización de la esclavitud se centró en impedir que legalmente unas personas fueran dueños de otras personas contra la voluntad de éstas últimas, lo que no impide que muchas personas pobres para salvar sus urgencias sean voluntariamente esclavos trabajando por la comida o por salarios miserables. La ilegalización del trabajo infantil se instauró en los países en los qué tal necesidad familiar podía solventarla el Estado, y en los países que ello no se solventa, los niños trabajan o se mueren de hambre. La ilegalización y consecuente penalización del proxenetismo nadie la discute, y su existencia puede obedecer o ser coadyuvada precisamente, por la inexistencia de una reglamentación legal del ejercicio de la prostitución.

Todas las soflamas pretendidamente defensoras de la mujer y en combate con la utilización que de ella hacen los hombres, es tan inútil e hipócrita como si se hiciera en relación a los hombres -que por ejemplo en Senegal y por idénticos motivos- tiene que dedicarse a la prostitución con mujeres europeas (españolas, francesas, italianas, alemanas, etc.) Mujeres éstas que suplen sus insatisfacciones comprando tiempo y sumisión a hombres con cuerpos bien conformados a los que buscan en las playas; cosa que por lo demás pasa en todos los lugares; y aquí también. La compra de satisfacción sexual no depende del género de comprador y vendedor, sino de la capacidad económica para comprar en uno, y las urgencias del otro que vende.

Las causas de la prostitución podrían hallarse en la miseria, en la incultura, y también en los falsos espejismo socialmente tolerados donde la medida de lo que se tiene y posee determina lo que aparentemente se es. No todas las personas que se dedican a la prostitución lo hacen por necesidad perentorias o sometidas a la imposición forzada de otro; muchos lo hacen voluntariamente y defienden su actividad como un trabajo: trabajadores sexuales. Seguramente los trabajadores sexuales como los trabajadores de todo tipo trabajan para cubrir sus necesidades. Las necesidades de cada cual depende de su subjetivad, de sus valores, de sus prioridades. Los hay que se conforman con cubrir lo objetivamente esencial y razonable, y los hay que desde su subjetivad necesitan aparentar una solvencia al tiempo que esconder la procedencia de sus recursos. Los hay que consideran más penoso dedicarse a un trabajo de los denominados normales que establecer el objeto y puesto de trabajo en su propio cuerpo; hecho éste -como es evidente-, que no es exclusivo de los que se dedican a la prostitución; ciertos modelos hacen lo mismo con otro nombre, y ganan fama, mucho dinero, y lo que es peor: obtienen el aplauso social.

El reconocimiento de la prostitución como trabajo sexual y su consiguiente regularización legal en derechos y deberes, al menos visibilizaría a muchos hombre y mujeres (más mujeres que hombres) que hoy por hoy son “ilegales” al dedicarse a una actividad “prohibida”. Si tuvieran protección legal quizás no tendrían que buscarse o someterse a protectores criminales, con lo que el proxenetismo tendría menor clientela. Quizás sufrirían menos de enfermedades de transmisión sexual y de otras lesiones físicas o psíquicas con el acceso a la sanidad pública sin tener que esconder su oficio. Quizás podrían disponer de pensiones de jubilación, incapacidad y bajas por enfermedad.

 Pero bueno, siempre podemos dejarlo como está y seguir alimentando sesudos discursos emancipadores, expuestos por brillantes mentes en impolutas tribunas.

 

Barcelona a 6 de septiembre del 2018. RRCh.

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