viernes, 13 de mayo de 2016

IMPUNIDAD JUDICIAL


 

Una de las tantas causas que ha abonado la corrupción política fue el sentimiento de impunidad que embargaba a los corrompidos y a los corruptores, y gracias a la labor de algunos valientes periodistas, los corruptos, corruptores y corrompibles  ya comienzan a cuidarse, al menos en no dejar cabos sueltos en su actividad delictiva, cosa que hasta hace poco no les preocupaba nada. Esta actividad denunciadora frente a los representantes públicos salidos de la actividad política no se ha dado, ni se está dando en relación a los componentes del poder judicial y la fiscalía. Llama la atención que un periodista como Jordi Évole, en el magnífico reportaje que realizó el domingo pasado sobre la ignominia judicial  sufrida en España por el ciudadano holandés Don Romano van del Dussen no haya desvelado ni un solo nombre de los jueces, magistrados, fiscales, secretarios judiciales, oficiales judiciales y abogados  que cometieron la tropelía, y no dijera tampoco que ninguno de éstos estuvieran presos o dedicándose a otra actividad más adecuada a sus capacidades. El holandés, pobre por más señas, ha permanecido más de una década en la cárcel por violación de tres mujeres, cuando al parecer en la vista del juicio ya se sabía que el ADN encontrado en las víctimas no correspondía a él. Las mujeres habían sido agredidas y violadas por un solo hombre, y el ciudadano holandés no solo ha negado siempre su participación en los crímenes, sino que también podía demostrar que estaba en otro lugar en el momento de los hechos con una docena de personas que ni fueron citadas, y varios años antes de su puesta en libertad la Interpol había localizado al dueño del ADN en el Reino Unido; que era otro. Tampoco se ha oído a nadie del Consejo General del Poder Judicial, ni a ningún integrante de las asociaciones de la magistratura, ni a ningún Decano de algún colegio de abogados, pedirle al menos disculpas al ciudadano holandés por la vergüenza ajena y asco que les debió producir la actuación de sus colegas. Don Romano vive de prestado en la casa de un cura.

          Ayer se conoció que Don Salvador Alba Mesa, Magistrado de la Audiencia Provincial de Las Palmas, persona que antes tuvo preparación teológica, ejerció de abogado  y como juez ha pasado por el orden jurisdiccional civil, penal, contencioso administrativo, y ha impartido muchos cursos de derecho: coaccionó a un imputado sobre el cual tenía total poder sobre su libertad y patrimonio, para que declarara en contra de otra juez. El reo, posiblemente para garantizarse que el magistrado cumpliera con sus promesas de indulgencia, le grabó la conversación y cuando el chantajista no cumplió se la pasó a un periodista. En la conversación, el jurista utilizaba términos homologables con los propios de los delincuentes de baja estofa: “me lo cargo”, “que se joda”, “cabrona”, “hija de puta”  El descubierto, en ejercicio de su legítimo derecho a la defensa dice que las frases se sacaron de contexto, ahora se está esperando que las contextualice, pero no se conoce todavía que haya sido apartado cautelarmente de su cargo ni que  haya sido detenido por la alarma social causada y por las probabilidades que tiene en la destrucción de pruebas; luego si no fue él se le absuelve y ya está. Los jueces, magistrados y fiscales son el último asidero de los ciudadanos, si también se nos pudren en el sentimiento de impunidad quedará poco o nada. Sería bueno que ellos también sintieran el aliento de  periodistas en su cogote; si ello no cura, alivia.

Barcelona a 13 de Mayo del 2016.- RRCH

jueves, 5 de mayo de 2016

40 años de El País


 


          Se le ha de reconocer muchas cosas buenas al periódico El País, y con ello, también a Jose Luis Cebrián. Hoy en la Ser –emisora de su grupo empresarial-, volvió a dejar constancia de su cintura y lucidez. Cintura para arrimar las ascuas a sus sardinas, y lucidez para analizar críticamente el entorno social, político  e institucional del presente, excluyéndose del foco. Recordó que en los inicios, el periódico sufrió atentados de extrema derecha, en uno de los cuales murió un “botones” persona que seguramente no tenía nombre puesto que no lo dijo y otros dos resultaron con heridas importantes, también sin nombres; que desde el poder de aquellos primeros  tiempos se inventaron para desprestigiarles tramas insidiosas y persecuciones soterradas. Criticó a Rajoy, desde el afecto, por no ser aficionado a los debates, cuando como político debería amarlos. Defendió la libertad de prensa y la autonomía crítica y responsable de los periodistas. Tan bien lo hizo que permitió a Pepa Bueno que le introdujera una pregunta sobre los papeles de Panamá–evidenciando el previo consenso-, a lo que contestó exactamente lo mismo que contestan los políticos ante la misma cuestión: él no tiene nada que ver, no participó jamás en tales mangoneos y lo publicado obedece a una campaña de desprestigio. Y ahí acabó la cosa. Cuando salió el asunto de si el poder le había cambiado en estos cuarenta años,  salió por peteneras como un ministro y dijo que el poder se apodera de los apoderados o algo así, como si el ente tuviera vida propia y ello exculpara a los abducidos. Muy lúcido en la definición de populismo, que son aquellos que volviéndose rehenes de sus propias mentiras instrumentalizan la emocionalidad ajena para promocionar sus personalismos. Cree Cebrián que Rajoy acabó su ciclo político, él le reconoce que ha hecho algunas cosas buenas pero que es el momento en el que debe dejarlo. Cebrián fue  suspicaz en su alocución dejando patente que, sigue siendo más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. En un momento hizo alusión a la casta, y se lio un poco con lo del poder, puesto que seguramente quiso decir que la casta en su atracción centrifuga puedo abducir a Don Jose Luis Cebrián, pero esto no lo dijo.

Barcelona a 5 de mayo 2016.- RRCH

miércoles, 4 de mayo de 2016

Mi escuela


 

En el tiempo y lugar en qué nací, los niños comenzaban a ir a la escuela cumplidos los seis años. Antes de esa edad no sabíamos leer ni escribir y ante ello nadie veía un  problema. Aprendíamos otras cosas: saber cómo conseguir un aro en un vertedero de basura, o de la chatarra guardada por un vecino al que debíamos convencer para que nos lo dejara; luego, saber cómo conseguir una alambre gordo de más de un metro que se dejara doblar para hacer un gancho con el  que mantener el aro en vertical al tiempo que corríamos tras él disfrutando del ruido que salía del roce contra el fierro y hacer curvas cerradas a toda carrera y pararlo en seco cuando se quería escapar. Antes de los seis años o poco después ya sabíamos hacer una cometa, se trataba de buscar una caña, cortarla y de ella sacar cuatro o cinco trozos longitudinales, las uníamos al medio como una estrella, le hacíamos una mueca en cada una de las puntas de los palos y por ahí íbamos pasando un piolín hasta completar el contorno y que nos saliera  un octágono perfecto; luego, con papel de diario forrábamos aquel esqueleto pegando los bordes con engrudo hecho con harina y agua o clara de huevo, y le poníamos unos flecos todo alrededor; después había que poner los tres tiros de piolín, uno salía del centro, otro de la parte superior donde el reloj marca las diez y el siguiente donde el reloj marca las dos, del vértice de los tres anudábamos la punta del ovillo,  y en la parte de abajo dos tiros para la cola; ésta  la hacíamos con tiras de bolsa de arpillera o mangas de camisas viejas. Y para que volara, una amigo la aguantaba sujetada del centro a todo lo alto que alcanzaba su brazo, y el otro, la arrastraba corriendo, soltando piolín del ovillo, cuando remontaba le iba dando más hilo, si había mucho viento coleaba y se remachaba contra el suelo, si no había viento debíamos correr más. Antes de los seis años sabíamos jugar a la bolita, y jugábamos en serio, cada chantada del contrario una bolita perdida, si hacía trampa nos dábamos unas trompadas, si nos salía sangre intentábamos que no lo supieran nuestros padres, y el que iba con el cuento a los suyos ya no era amigo, sino alcahuete. Sabíamos cómo resolver nuestros conflictos. Antes de los seis años conocíamos como  curarnos con saliva las raspaduras de las rodillas y los codos, ¡y ya está!  Sabíamos hacer una onda, con una horqueta sacada de un árbol, los tirantes con goma de cámara de bicicleta y un cuerito para la piedra, y a juntar botellas y bollones  para romperlas a pedradas, también sabíamos sacarnos las espinas de los pies con una aguja. En la calle de tierra poníamos dos piedras para hacer el arco y con una pelota hecha de trapos dentro de una media, jugábamos a fútbol, si veíamos venir  un auto, de una patada retirábamos las piedras para enseguida volverlas a poner, y hacíamos goles, previa discusión de si la pelota había pasado por encima del larguero imaginario, y siempre descalzos para no estropear las zapatillas.  El primer día de escuela me llevó mi madre, y juro que no lloré, otros sí; después iba junto con el resto de gurises caminando los casi dos kilómetros que quedaban de mi casa. Mi vieja por cuidadosa le encargó a una niña mayor en dos o tres años, para que me vigilara, y la muchacha para  cumplir bien el encargo se hizo con una vara, yo iba corriendo delante de ella tratando de salvar mis canillas, a los pocos días cambié el recorrido para que no me cuidara tanto. En los seis años del colegio ni a mí ni a ningún otro compañero se nos ocurrió tutear a la maestra, ni a ninguna persona mayor; si uno se desafiaba con otro, quedábamos a la salida, se hacía un corro, y en el centro los que se habían mojado la oreja se daban trompadas hasta arreglar sus diferencias. El corro era para festejar y para que no lo viera una persona adulta y se lo contara a los padres, si esto se sabía en casa, cobrábamos algunos coscorrones. Mi vieja siempre tenía una vara de mimbre a mano, solo con que ella frunciera el ceño y mirara la vara, ya uno comprendía que por ahí no iba bien, y si el gesto no se entendía al  vuelo, añadía ya verás que venga tú padre. Como el viejo siempre estaba trabajando, uno evitaba que la vieja le fuera con el cuento y el hombre tuviera que responder. Libros no teníamos, pero se hacían copias para todos, con una cosa que llamaban mimeógrafo, que consistía en poner gelatina de pez en una asadera y con una tinta se hacían las copias, era raro pero quedaba bien, se leía clarito. Lápices de colores por caros no solían haber, si acaso se pedían prestado para hacer algún deber importante. La goma de borrar se ataba de un hilo para no perderla, si se perdía había que borrar con una pelotita de migas de pan…

          Ahora nuestros hijos viven mejor,  a los tres años ya saben escribir bastante bien y algunos leen de corrido, nunca pisan la tierra descalzos, juegan en parques diseñados para ellos, sobre suelo sintético blando, en aparatos de colores, y bajo la atenta y cercana vigilancia de sus progenitores, que al menor gesto de desestabilización corren a evitar que tropiecen. Si otro niño les molesta se le llama la atención al adulto responsable. No tocan ningún animal que no tenga chip, vacunas en regla y pedigrí. Tienen pediatra asignado desde el nacimiento y ante cualquier moco se le proporciona antibióticos. Si en el colegio se hacen un chichón o una heridita se les lleva a urgencias, se investiga al agente agresor y si es preciso se denuncia al maestro por distraído. Si el mocoso obtiene calificaciones bajas sus progenitores se sienten culpables o echan las culpas a la escuela, y la escuela se las echa al entorno familiar. Nuestros niños manejan el ordenador antes de echar los dientes, tienen su propia habitación decorada conforme a su edad, con cuentos y muchos juguetes de última generación. Ante cualquier capricho se pierde el culo para satisfacerles de forma que se sientan los reyes de la casa y no padezcan frustraciones que puedan dañar su emotividad. Como refuerzo preventivo se acude al psicólogo para que sus progenitores aprendan a tratar a sus vástagos y digieran el montón de libros de autoayuda que se leyeron desde el embarazo sobre educación parental. Si los niños resultan mal aprendidos y a un progenitor se les escapa un cachete ante una impertinencia del infante, puede acabar preso. Si los muchachos salen mal encarados, insultan a sus maestros o rompen adrede algo que sea ajeno, se responsabilizan a los padres por haberlos educado mal o faltarles al cariño, y éstos explican que es culpa de la sociedad o de la crisis. Creo que cuando yo era botija no había sociedad ni crisis y si las habían no me enteré. Cuando los muchachos de ahora mudan el cuerpo a mayor, siguen estando ahí, esperando un empleo a su gusto, bien pagado y conforme a su formación vocacional, exigen un futuro y mientras tanto los progenitores soportan la carga al tiempo que dan consuelo. Creo que cuando yo era botija al futuro lo estábamos inventando. ¿…?

Barcelona a 3 de Mayo del 2016.RRCH

martes, 3 de mayo de 2016

PODEMOS Y LOS MEDIOS.-

 
          Todos los medios de comunicación son empresas, y por tanto tiene los mismos objetivos que cualquier entidad mercantil, uno instrumental, consistente en hacer atractivo su producto para que sea comprado por el consumidor, y el final, centrado en la consecución de beneficios económicos. Cuando los medios de comunicación son públicos sus objetivos siguen siendo los mismos; si quieren competir con los medios privados tienen que hacer atractivo su producto, sin perder de vista que el resultado de la venta revierta en beneficio del partido político que domina la cosa pública, hasta hoy compuesto por  la clase dirigente que integra a los grandes empresarios, Pablo Iglesias supo explotar muy bien la finalidad instrumental de los medios de comunicación, consiguiendo que éstos le utilizaran para diversificar el espectáculo del producto puesto a la venta, que no era precisamente sus ideas, y menos las de Podemos. El concepto de la casta le resultó atractivo a la propia Casta, modernizó su lenguaje adicionando palabras supuestamente nuevas, como “postureo” y otra vainas de distracción, y lejos de causarles daño les benefició  en su  adaptación camaleónica. Es cierto que la manipulación de las informaciones en contra de Podemos es un hecho; ¿pero es que alguien esperaba que fuera de otra manera? Cuando salen los papeles de Panamá, el diario El País publicó que aparecían en ellos personas cercanas a Chávez, y es evidente que éste, Maduro y Venezuela se va a identificar con Podemos, para eso se hace, máxime cuando desde el criticado no surge ninguna reacción crítica ante la deriva del gobierno venezolano. Y es lógico que cuando aparece publicado que la ex esposa de José Luis Cebrián estando aun  felizmente casada con él,  tenía cuentas por ahí, distanciadas del erario español,  Cebrián, yendo en contra de todo lo que ha dicho cuándo lo que decía era atractivo para vender, ahora eche fuera  a los periodistas que abrieron la boca sin permiso  e impide que cualquier persona del Grupo Prisa tenga contacto profesional con los difusores de sus vergüenzas, Es lógico que  ninguneé a los medios privados económicamente más débiles, y les ponga querellas. Bueno, pero el hombre vuelve a su entorno, a los suyos, ¿dónde sino? La única manera que el consumidor de información no sea arrastrado como enganchado de un ojo a donde  los proveedores de la información quieren situarle, es que tenga capacidad crítica, y para dotarse de tal instrumento se requiere el mínimo de formación que la llamada casta, siempre, como es natural, impedirá. La desinformación, o la saturación informativa dirigida a impedir su digestión por el receptor, es la principal basa para el control de la opinión y del voto.  Si la casta no hubiera conseguido, como consiguió, que Pablo Iglesias exteriorizara todos sus sentimientos mesiánicos, su personalismo excluyente, su porte de niño empollón repelente y consecuentemente ingenuo, podía haber conseguido en su entorno un movimiento social crítico con el que desarrollar una dinámica  verdaderamente alternativa a la casta. Pero esto no se logra en un año, hay que invertir tiempo. La pretensión de vencer a la casta a corto plazo y mediante el espectáculo, además de ser una temeridad propia de mercachifles, fue un fraude a la buena fe de mucha gente. No se puede pasar en un santiamén de no querer unirse con Izquierda Unida para no romper la transversalidad de “ni de izquierda ni de derecha, sino los de abajo contra los de arriba” para luego sumar votos teóricos a la desesperada y decir que ahora  sí; no se puede sacar lo de la cal viva y la mala herencia de Felipe González y ahora decir que hemos de ser menos agresivos y contar con el PSOE; no se puede poner como condición fundamental referéndum de autodeterminación para la independencia y luego decir que hay que integrar. Posiblemente si lo de integrar se hubiera puesto primero lo del referéndum no hubiera sido una opción. Lo más desgraciado es que Rajoy como peón práctico de la casta, sin hacer nada más que observar cómo Iglesias se hacía el machito frente a Sánchez y Rivera, tenga ahora  iguales o mejores perspectivas de votos para las próximas elecciones, que las que tuvo el pasado 20 de diciembre. Pero bueno, ahora podemos empezar nuevamente con el derecho a decidir sobre si unos se independizan de otros o no, sobre quién será el vicepresidente del gobierno, en qué parte del hemiciclo se sientan, si llevan bebés o no, si usan rastras o no, si se arremangan las camisas o no, si se ponen corbata o no, si declaran los impuestos como personas físicas o ahorran interponiendo a tiempo una sociedad mercantil, si se le elogia el abrigo de piel a una periodista ante una pregunta incómoda, o si, cómo, con quién y hasta cuándo se hacen grupos parlamentarios para optimizar subvenciones. Mientras a la casta se le pretenda trascender con espectáculos efectistas, ellos se cagarán de risa y le haremos más fuertes. Cuando además de las ocurrencias cortoplacistas se aporten propuestas de cómo y de qué manera evitar la exportación de dinero público a países que disponen de una cultura fiscal diferente; cuándo se dignen en valorar formas legales y eficaces para evita la corrupción, incluyendo la propia; cuando se proponga públicamente y de forma entendible qué reformas constituciones se pretende y con qué fuerzas parlamentarias se cuenta para ello; cuando se proponga una distribución de la riqueza en paralelo con la distribución del esfuerzo sin sopa boba populista; cuando se expresen ideas de cómo integrar distintas culturas valorando lo que nos une y no tanto lo que nos separa; cuando las ideas sean valoradas por lo que son  y no por quien las publicita, entonces puede ser que podamos.
Barcelona a 3 de mayo del 2016. RRCH

miércoles, 20 de abril de 2016

PAPELES DE PANAMÁ


 
Los paraísos fiscales no fueron creados para corromper a la alta clase social del llamado mundo occidental, sino al revés, la corrompida alta clase social los generó para ocultar el producto de sus fechorías. Y al menos hasta el presente, de esa alta clase social han salido nuestros representantes democráticos, con contadas excepciones de los que instrumentalizando la política se han situado allí donde querían estar: en la clase social alta. Por ello, terminar con los paraísos fiscales es subjetivamente muy difícil, aunque objetivamente sea sencillo. Hoy por hoy es impensable que nuestros próceres deroguen las leyes que ellos mismos han promulgado para esconder sus capitales ahorrándose el pago de impuestos en sus queridísimas patrias. Éstos tienen un concepto muy depurado y restringido del concepto patria, que circunscriben a su entorno familiar y de amistades, aunque lo utilizan como espléndida red de malla fina para la pesca de votos, o de popularidad. La cuestión está en ganarse la confianza; con la confianza consiguen votos y/o reconocimiento social, y por la confianza en los paraísos fiscales guardan allí sus botines del despojo. Impedirle el acceso a estas guaridas sería sencillo si se les priva de la confianza en la seguridad que los paraísos fiscales les deparan. Y esto es fácil de hacer con cuatro medidas:

1.- Propiciar la colaboración mediante la denuncia  de los empleados de banca, otorgándoles premios y un concreto amparo legal como testigos protegidos o simplemente anónimos. Esa falta de confianza que se generaría  en los clientes que hacen emigrar su dinero, ya  les situaría en el pánico. Al tiempo que pondría en aprieto a nuestros jerarcas vecinos de Luxemburgo, Malta, Chipre, Suiza, Liechtenstein, Andorra, San Marino, Mónaco, Vaticano y los territorios de ultramar de Reino Unido y Holanda, entre otros.

 2.- Obligar a las corporaciones transnacionales a publicar en Registros Oficiales las cuentas, individualizando las de cada país en las que operan, y que a ello puedan acceder en tiempo real las autoridades fiscales y judiciales. Así se podría discriminar qué volumen de negocios se genera en los paraísos fiscales en el supuesto que en ellos tengan sucursales, y qué otro se genera inflando facturación allí sin tener infraestructura, ni personal, ni mercado.

3.- No reconocer los actos jurídicos firmados en tales paraísos fiscales por las personas físicas residentes fuera de ellos. De manera que sepan que para evitar las penas y las sanciones  no valdrán las  declaraciones complementarias antes que les descubran. Y así estarán en idéntica situación que el ladrón que esconde el botín en la playa o al pie de un árbol, si no se le descubre se salvan; pero asumiéndolo.

 4.- Si además de las anteriores tres medidas, les aislamos rompiendo relaciones diplomáticas y comerciales ya sería un lujo, con solución instantánea.

Pero, el problema está en lo subjetivo; en los próceres. Es cuestión de confianza. Siendo optimista, confiemos en los periodistas, de momento no hay más ni se le espera. Los de la nueva política ahora se ocupan en ubicarse, igual cuando estén cómodos les da por ahí; o no.

Barcelona a 20 de Abril del 2016- RRCH

martes, 19 de abril de 2016

LA NUEVA POLÍTICA


          Cualquier cosas que antes de ser nombrada se le denomina “nueva” de entrada produce la ilusión de que será distinta y mejor. Y cualquier cosa distinta al ejercicio del poder mediante el engaño, la estafa, la indecencia y ese arraigado sentimiento de impunidad que embarga a sus actores, por sí mismo debería ser más benéfica. Si a eso le quitamos la espuma, que no ha ido más allá que una forma diferente de vestir y expresarse, nos quedamos con lo mismo que ya teníamos: unas irrefrenables ansias de protagonismo para intentar ocupar el poder, sin ocuparse y sin clarificar para qué lo quieren. A este baile de máscaras de la “nueva política” todos se han ido adaptando en la forma, tanto la izquierda como la derecha, pasando por el medio. La nueva izquierda, para empezar adoptó  una denominación novedosa: Podemos. Comenzó por disimular su presunta línea ideológica situándola de entrada en “los de abajo”, “ni de izquierdas ni de derechas”, exhibiendo una estética estudiantil-inconformista, camisa remangada, barbita, pelitos largos o cortitos abarcando las diversidades de las modas, y alegrando los oídos de los parroquianos con discursos puntiagudos contra la casta en la que ellos no estaban ni querían estar.  Los miembros del  Partido Popular, o PEPE (Partido Español Panameño Exterior) se ha ido renovando para acceder al club de la nueva política, y así han puesto a integrantes jóvenes, bien parecidos, con una lenguaje más accesible y empático, y con vestimenta más progre, menos corbata, más algodón y vaqueros, y naturalmente se convirtieron en adalides teóricos en el combate contra la corrupción para competir con Ciudadanos ante la misma clientela. Ciudadanos como proyecto de la refundación de una derecha presentable, con plausible esfuerzo se propusieron concebir una derecha apartada de una clase financiera alimentada por el erario, finalidad tan difícil como soplar y comer gofio a la vez. El PSOE forzado por las circunstancia hizo más o menos los mimos, renovó el vestuario y a los modelos, y se esforzó en ponerse al medio, ni tanto ni tan poco. Izquierda Unida sigue desunida y los Nacionalistas tratando de pescar en rio revuelto. Todos sin excepción quieren estar en el gobierno, y que ese gobierno haga exactamente lo que ellos quieren que hagan, sin dejar constancia de qué quieren hacer fuera del beneficio propio. Y así, la nueva política sigue viviendo del trabajo de los periodistas, que son los únicos que consiguen, al menos, que se ventile la cosa y van aportando día a día temas de debate. Debatimos sobre la corrupción antigua y de anteayer que mañana la prensa nos desvelará. Y con ello la nueva política nos entretiene ampliando la melancolía, con el único propósito que nos decidamos por el menos malo. Ninguno de ellos ha efectuado la más mínima propuesta de cómo acabar con la corrupción, ninguno ha lanzado una idea de cómo acabar con los paraísos fiscales. Corrupción y paraísos que lejos de ser nuevos son más antiguos que la injusticia Los muchachos de Podemos en el supuesto que formara gobierno con el PSOE no han explicado cómo piensan conseguir la mayoría suficiente para darle referéndum a los nacionalistas, ni cómo se combate la desigualdad dando referéndum a los nacionalistas. Los cachorros peperos en el supuesto que consiguieran la gran coalición con el PSOE no nos han explicado cómo pretenden armonizar la fiscalidad entre el Estado y las Comunidades Autónomas, por dónde van a recortar el gasto público para reducir el déficit y dónde van a enviar a todos sus corrompidos. El PSOE y CIUDADANOS en el supuesto que formaran gobierno con la abstención de Podemos, Izquierda Unida y los Nacionalistas, no nos han explicado con los votos de cuáles y cuántos diputados van a sacar adelante el gobierno del cambio. Así las cosas la nueva política y el gobierno del cambio parece que se conforma con crear una nueva casta cambiando a sus integrantes. Eso sí, vestidos de forma diferente e introduciendo algún chascarrillo en sus soflamas. Entretenido hasta que el cuerpo aguante.

Barcelona a 19 de Abril del 2016. RRCH.

martes, 22 de marzo de 2016

COACH, ¿preparador o tutor?


 

          Es la última, o haces coaching o estás jodido. ¿O estás jodido porque haces coaching? La palabrota tiene fácil traducción al idioma castellano: preparador. Pero dentro del papanatismo reinante, en inglés es insuperable, ¡a dónde vas con preparador!, coach, coach.  El coach, con el que se ha de hacer coaching, observa al coachingado, toma conciencia de los problemas emocionales del coachingado, determina los objetivos que el coachingado ha de tener, le hace actuar con arreglo a los objetivos determinados y va midiendo los efectos con miras al resultado. Hace tiempo que concluí que a las personas las mueven las emociones, y con ellas se mueve todo. Ahora me parece una pena que otros hayan llegado a la misma conclusión, pero para  hacer negocio, y al parecer muy lucrativo si atendemos a la demanda.  Con el invento estamos consiguiendo que las sectas se reduzcan a dos personas: el que observa, toma conciencia, determina, actúa y controla por un lado, y el otro que es el que pagando endosa la responsabilidad del resultado de la vida propia al que le cobra. Es tan simple como pagar para que otro haga tus reflexiones, piense por ti y decida por ti; tú haces lo que te manda y si sale mal la culpa es del otro; y ante dicha frustración tú has de buscar otro coach. Es de puta madre, no sé cómo he podido vivir sin coachingar tanto tiempo!.

Barcelona a 22 de Marzo del 2016. RRCH